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m- W Traft i íSSfW jsvwrv. iwiHurw L Y a brilla el estío, ya el campo se llena de luz y perfumes y dulces cadencias y fúlgidos tonos; ya verdes y espléndidas de pámpanos cubren al monte las cepas; ya Baco, sediento, levanta en la diestra la copa en qne ardiente desbórdase el néctar. Ya brilla el racimo cual rica presea de ricos topacios; ya alegres regresan los vendimiadores, sobre la cabeza los repletos cuévanos; ya á la luz postrera del sol, de las cumbres descienden; ya llevan al rústico asilo las áureas ofrendas, que en dulce tributo les rinde ¡a tierra; ya bajan cantando del monte; ya empiezan las tardes azules. las noches serenas. En breve la uva Be encoge y se pliega del ancho pasero tendida en la arena; ya cuando en el éter reluce la estrella, los vendimiadores, en plácidas fiestas, al son de los crótalos y al son de las tiernas moriscas guitan- as, los ámbitos pueblan de andaluces cánticos, y al par, en parejas, las mozas y mozos bailando celebran la alegre vendimia, la dulce cosecha. su ob- iui, i g 1 i j i 1 de lazDx fli) roH criada, sii apuesta figura, tiilli que oM liil. x oi iiMie. i, mirad el vistoso pañuelo que besa su busto arrogante de estatua soberbia, su falda de coco que descubre apenas su pie, pie tan breve, que un dije semeja. Miradla adornando con cintas de seda los negros y dulces racimos, que encierra después en las cajas en ledios que ostentan dorados encajes y finas viñetas. Mirad un instante la linda faenera: sus ojos gitanos, su cara morena, sus labios de grana, Ya á playas remotas las naves se llevan los negros racimos; ya mustias se quedan las viñas del monte; ya alegres no suenan moriscas guitarras, ni repiquetean los sonantes crótalos; ya el aire no llenan amantes canciones, ni alegres parejas de mozas y mozos ba. ilando celebran la dulce vendimia; ya raudas se alejan las tardes azules, las noches serenas. AKTUKO E E Y E S 1 íMi-