Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
L o 8 nifios conducidos por Jesús, llegaron tiritando á las puertas de un asilo debido á la caridad particular- no faeron admitidos porque los cuatro habían pasado allí la noche anterior, y en el reglamento de a q u e l L S t T e s t a S a prohibido que un mendigo pasara eií ca 8 a 0 6 ches seguidas. insHrato estaba- -No importa, dijo el Niño Jesús; hay multitud de albergues S S -c i a s y una especie h a t a Í Í h l T rápiday sin trámites preyips de ningana especie, penetraba ya neouJo r? f compañeros de Jesús, y el aire frío producía dolores que arrancaban Mgrimasá los J s m T S l r I i Veruñtí n sus ateridos miembros dieron en otra casa de caridafoficial Allí ía ídif r T b certificado de nacimiento, otro de defunción de los padres otro de b u Z f u e r i n a T i r í y sentían dónde ponían los pies, porque el frío los hacía insensibles. Esta vez l Í Z o r 1 P- i -c o cuando el n Z inTif í T f que e reúna la junta de damas que la nre sidenta comunique el acuerdo, que la secretaria dé el visto bueno, y que el médico certifique qne estáis vacunados y que no padecéis ninguna enfermedad contagiosa. i Y seguía helando; el suelo se cubría de una capa de ceniza blanquecina y brillante que convertía la r g r e clavaban en los pies insensibles, haciéndoles derramar gotas noTreTo tín Z l animándolos; todo Madrid está rodeado de casas religiosas; allí H J i f r T P í l P 1 e el campo sesentia con doble intensidad y porque cada terrón del piso se había convertido con la escarcha en un afilado guTarro r r? r f contestaba nadie; en otro la regla de la orden impedía abrir la p u S I a i que se helaba después de puesto el sol; en éste era precisa una orden del obispo; en otro no era costum bre ejecutar tales actos de caridad; en el de más allá, sin una orden del patrono ko podía recogerse nadS- en una palabra, á pesar de tener todas las casas denominaciones caritativas, los reglament sflo i n s t S 5 ipÍTeralida destmadas á estar abiertas siempie de p i r e n No Aabía más casas que recorrer, y los niños volvieron hacia el centro de Madrid- las calles estaban desiertas, el miedo al frío había ahuyentado á los mendigos de profesión y á las gent; de ma vTvfr e silenci era de muerte como la temperatura, y sólo lo interrampía el rodar d f algúa c a r I S s o cuyos dueños tenían pieles hasta para los cocheros. ae aiguQ carruaje lujoso, Era inúdil hacer más investigaciones, y no hubo más remedio que buscar otro portal- el cansancio se había juntado al sueño, y los cuatro niños se amontonaron bajo el dintel de otra p u t a buscando en vano la reacción que había de darles la vida. El Niño Jesús quedó velándolos, los cubr coa su ropa oró para que no expirasen víctimas del frío en aquella noche consagrada al misterio de suInfanda f í I I I ¡Padremío, si hace falta que muera otra vez para enternecer el corazón de los hombres, mandádmelo! Después de estas palabras voló al cielo, y el templo qaedó sumido en la obscuridad. DIBUJOS DE MÉNDEZ B K I K G A EMILIO S 4 NCHEZ PASTOR