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É LOS NIÑOS... EN CASA Con sus padres, iamás. Verdad es que la vida que hacen los padres, no es la más á propósito para los niños. Como la familia del gran mundo que habita en mi vecindad, hay en Madrid muchísimas. Y á juzgar por lo queen ésta observo, es infinito también el número de niños que viven en la corte totalmente separados de sus padres. Mis vecinitos madrugan. Pero no tienen la alegría de despertarse en los brazos de mamá. Mamá se levanta á lasonce, y no puede atender á esos detalles. Un criado ó una bonne los visten; estudian un poquito de francés y otro poquito de inglés, y allá, al principio de latarde, cuando los papas han descansado de las fatigas de la última soirée, bajan al boudoir de ella y al despacho perfumado de él para darles los buenos días. Cumplido este deber, los niños suben de nuevo á sus habitaciones, y hasta verte, buen Jesús; hasta el siguiente día no tienen ocasión de estar más con sus papas. En el piso alto del hotel que habitan mis vecinitos, tienen éstos su comedor especial, porque ¡cómo habían de consentir papá y mamá que ocupen sitios en la mesa, necesitándose todos para que los amigos puedan quedarse á comer, sin previa invitación ó sin necesidad de aviso I Verdadera mesa redonda la de esos señores padres, hay siempre dispuesto en ella cubierto para el primero que llegue, y, aunque vayan muchos, como el caso está previsto por la señora (que, si no lo es de su casa, en cambio realiza á maravilla la obra de misericordia de dar de comer al hambriento) todos pueden acompañar á los cónyuges, y hacerles así más ttolerable esa vulgar y prosaica tarea de comer ó almorzar. Si los niños estuvieran allí, ¡adiós tranquilidad y reposo y perspectiva inmaculada del blanco mantel, de la original vajilla, del parterre de flores que festonea el achatado centro de mesa Ni pensarlo. Sería una cosa enojosísima. En puro estilo francés, podía alguno de loa niños decir una inconveniencia ó derribar una copa además, su ausencia da amplia libertad para que la conversación recorra sin obstáculos toda la... escala social para que ruede de lo ideal á lo metafísico, y aun se casóme si comáene, al abismo de las intrigas y al foso de la pornografía. Nada nada; arriba están los chicos perfectísimámente. Podrán comer mejor ó peor, pero se encuentran más á sus anchas. Algunos días, el matrimonio come solo. Pero no por eso los niños bajan á la salle a manger. Dicen los papas que ya están acostumbrados á comer en su cuarto, y que no vale la pena de molestarles. Hacen bien, porque es preferible que no presencien la frialdad y la indiferencia de aquellos dos figurines á la moda que, en cuanto faltan comensales, no tienen apenas de qué hablarse. Esto aparte de que muchos días papá come fuera de casa, y mamá no sale de su cuarto porque la jaqueca le quita el humor para todo. Los niños así criados, no aprenden á amar á sus padres, ni logran tampoco perfeccionar su educación. Al lado de los sirvientes escuchan y ven cosas tan inconvenientes, que de nada sirven contra ellas las advertencias de la bonne ni la discreción de la señora encargada de enseñarles. A paseo también van sin sus padres. ¡Solitos siempre solos! ¡Pobres niños los que asi viven sm formar su corazón en los puros y santos goces del amor á la familia! ¡Pobrescriaturas esas para quienes el desiderátum de ¡sus placeres y alegrías estriba en complacer á sus profesores! Ellos no saben lo hermoso que es salir á paseo, y comer y, si es preciso, dormir al lado de sus padres. Y cuando les llegue el día de constituir una familia, como desconocen hasta lo más rudimentario de lo que ésta e dentro del orden moral, no se ocuparán tampoco de sus hijos para nada, y por eso, en el catálogo de los niños abandonados (que no lo son únicamente los que piden por la calle) no se escribirá nunca la palabra Fin. DIBUJO DE E S T E V A N ENEIQPB S E P Ú L V E D A