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desde el decreto de la autonomía antillana, hasta el último Memorándum ó desplante de Montero Kíoa; y aunque el libro será de los que hagan conciliar el suefío, será éste un auefio poblado de pesadillas. Mucho confía el Gobierno en el efecto que el libro haya de producir en las cancillerías, pero es más que probable que en éstas se considere la obra como la más perfecta y completa colección de las coplas de Calaínos. El Gobierno nos felicitará las Pascuas con el Libro Rojo; el Libro Mojo será nuestra agenda de bufete para el año que viene, y el Libro Rojo será lo que pongan los reyes en los zapatos de los niños desaplicados. x El ministro de Estado, que es quien anda en el ajo (no es mal ajo el del libro en cuestión) dice que la obra será voluminosa. Y es que si bien los documentos no ocupan más que el primer pliego, todo lo demás es fe de erratas. La concentración liberal la concentración conservadora; con este frío todo el mundo se aprieta y nadie se aventura á salir solo por las noches. Á los brazos amorosos de D. Práxedes vuelan Romero, Weyler y Canalejas; y Silvela y Polavieja son uña y carne, gracias á los buenos oficios de Martínez Campos, á quien todavía quedan la afición y el compás, es decir, lo suficiente para su tarea de maestro concertador. Harto hacemos con no murmurar de estas uniones hechas por detrás de la Iglesia y por delante del presupuesto; no se nos obligue, por consiguiente, á calificarlas de patrióticas i Hl ¡j i! y elevadas, porque con el mismo derecho daremos esos calificativos á esas numerosas concentraciones que se verifican en toda España con motivo de la lotería de Navidad. Alrededor de un número de la lotería y unidos por la matriz de un libro talonario, se congregan numerosos y heterogéneos elementos que aspiran á regenerarse por el premio mayor. No on otra cosa las concentraciones políticas de que tanto se. habla. Silvela tiene un número, Sagasta otro, y todo es pedir participaciones. Pocos son los números, pero nunca ha habido más en la lotería política española. Por eso, por no tener más que dos suertes, somos muy galantes al calificar de lotería lo que es un monte descara- do, una chirlata de la peor especie. Gomo acuden á casa del quebrado, de la viuda pobre ó dé la familia venida á menos la turba de prenderos que arramblan por cuatro cuartos con todo lo que queda, así acuden las naciones á España, como si una vez perdidas las Américas, sólo el Eastro quedará en esta desdichada nación. Y ¡clarol las otras aspiran á que ni aun Rastro quede. Los yanquis nos han comprado la isla de ÍZ 2 Guan ó de Guau (que nó hemos de reñir á última hora por ladrido de más ó démenos) Alemania desea comprarnos las Carolinas ú otros territorios en buen uso; una sociedad belga aspira nada menos que á las Canarias, y otra potencia se quedaría con Fernando Póo si se le dejaba arreglado. Y el paciente Job español aguanta y de vora la vergüenza de estas proposiciones. ¿Ni cómo tomarlas á mal? Es un acto voluntario, que dijo el otro. El pueblo de Madrid lo entiende, poniendo al mal tiempo buena cara y divirtiéndose honestamente en su imperio colonial de las afueras. Puesto que las naciones vienen de compras, no nos queda más recurso que el de las Ventas. LDIS R O Y O DIBUJOS DE CILLA VILLANOVA,