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golfas, golfos y golfines, oigan todos éí romance que de los viajes del Erre ha escrito un autor notable privado de los dos ojos como un general triunfante que volvió del Archipiélago unos cuantos meses hace con el hígado infartado y. sin poder ver á nadie. El Erre, según he dicho hace poco, está de viaje; pero por dónde anda el Erre, eso no lo sabe nadie. En las cajas de cerillas nos solían poner antes: tjEn dónde está la pastora? para que el que la encontrase, con el fuego de su pecho las cerillas inflamare, pues éstas ardían nial porqué eran de mala clase. Hoy Ja pastora es el Erre, y la caja es de Cascante, y son todos los. carlistas los fósforos que no arden, porique no tienen cabezas, sino cabecillas. Padre, vuelva á los viajes del Erre, porque estoy impacientándome. -rPues ten cachaza, hijo mío, ó príncipe de la sangre, y no le tires al perro porque te va á morder, Jaime. Prosigo la relación donde tú me la cortaste, lazarillo. -Yo ni corto ni pincho, pero adelante. -El Erre estuvo en Venecia, que es donde más se distrae, porque es ciudad que se escapa, como ól, por muchos canales. Además andaba en góndola, que es una barca en que caben dos personas á lo largo, j y á lo ancho una si es de carnes Pero una noche de luna, de las que hay aüí bastantes, 1 c 4 J t í í i- n el dibujo iTii- i, íiizo jzapel y se fugó de un tirón hasta Londres, según cae á mano derecha, y es todo por mar cinco cables; (déjale quieto á ese perro, que va á ladrar en romance) ¿A qué iba á Londres el Erre, oh público respetable? A sacar unos monises, que en inglés se dicen martes, para comprar carabinas y municiones de lance, y ponerse la corona de España en un triqui- traque. Pero corno los ingleses- le conocían bastante de los tiempos en que andaba sin poder pagar al sastre, no lé quisieron fiar ni un perro de su lenguaje. El Erre se marchó á Amberes, que es una ciudad de Flandes donde hay flamencos á miles y flamencas á millares. Allí se pasó unos días de juerga con cante y baile, y. de pronto ahuecó el ala sin pagar ei hospedaje. Se fué d espiíés á Lucerna, en Suiza ó en Suecia, iguales son las dos naciones, donde hay un reloj admirable que anda solo, y el Erre iba con el aquél de sacarle los cuartos, pero no pudo porque faltaba la ilave. Hoy dicen que en la frontera está tres semanas hace, oliendo los Pirineos, para buscarlos el fácil sitio por donde se cuelen los pretendientes y el aire, y si es vetdad, lo veremos en Madrid cualquiera tarde. Que si él es Erre mayúscula, Madrid tiene la eme grande, y para tal letra, tal ¿Quién me compra otro romance? GiNÉs DE PASAMONTE h x-