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A. LESIONES SIN DISPARO Y DISPARO SIN LESIONES Si Curriyo er de Ésija, gitano de los pocos que no reniegan de su abolengo, hubiera podido vender, siquiera á dos cuartos el almud, la sal de sus graciosas ocurrencias, de sus ingeniosos dichos, otro gallo le cantara. A fe que habría hecho casa con azulejos. Pero vender sal en Andalucía es como vender peros en Ronda; como llevar lechuzas á Atenas, que dicen los clasicistas. ¿Dónde, en esta tierra de promisión, no la hay por cargas? Con todo, yo quiero referir una anécdota del genial Curriyo, siquiera porque su nombre quede escrito una vez en papel sin sello, ya que en el sellado figuró no pocas veces. Sobre si un trato era trato ó no, sobre si la cuatropea estaba vendida pa sécula sin fin, y ya no había tío, páseme usté el rio, sino diñar loa jayares y pagar á tocateja los seiscientos ruñáis en que había sido tratada, Cwrriyo tuvo palabras con un gachó: con un castellano agitanao; y después de mentarse las madres (gran fundamento de derecho) como la memoria de éstas no dirimiese el litigio á gusto de ambas partes, gitano- y castellano acudieron incontinenti á mayor tribunal: al de las jerramietitas. El castellano, que debía de ir para Murillo, pintó vm. Jabeque en la más que morena cara de Curro, y éste, que no había madrugado, pero cuya dignidad no le permitía sufrir un corte de cara, disparó una pistola sobre su adversario, y acertó en no acertarle. Anda! dijo Curriyo en el colmo de la ira, cuando le sujetaban varios transeúntes. ¡Por feo no te ha querío la bala! Tenía buena encarnadura, y sanó muy pronto, sin quedarle deformidad; al contrario: según los médicos, el chirlo hermoseaba aquel gitano rostro, rompiendo graciosamente la dureza dé sus facciones. Quedó, pues, reducido á mera falta el exceso del casteUano (hay quien dice que, para ello, el unto de rana hizo maravillas) y siguieron las actuaciones contra Curro por el disparo de arma de fuego. Se le recllrió declaración indagatoria, y luego traspapeláronse los autos, pasaron meses y meses, y Curriyo se las prometía tan felices, que cuando le preguntaban en qué había quedado lo del tiro, respondía maliciosamente: ¿Lo der tiro de cabayos der marqués? Se vendió ar chiyío en feria e Mairena; ¡eran de mi fió aqueyos bichosl Llegó á Ecija un nuevo juez: justicia de Enero. Examinó los registros de negocios; pidió los procesos atrasados; pareció el de marras; cubriéronse fechas á todo correr, con diez fábulas de exhortes perdidos y otras tantas leyendas de recordatorios no ganados; fué sufrido el papel, se dictó sentencia y llamaron á Curro. Cuando la cañí que compartía con él las hambres, los sustos y el jergón le dijo que le citaba el Juzgado, exclamó (tan no pensaba ya en el proceso de antaño) ün debe de los Tarpesl ¿Qué será esto? ¿Se habrá golío er libanó las sinco yeguas que andaban á plao? ¿Se habrá berreao er Cojo sobre los arfefiiques de la otra noche? f Si serán los burros der Cortijuelo que ahora escomiensan á rebusnál... Fué á la escribanía estudiando negaciones y amasando coartadas, ilnútil- trabajo! Cuando menos hasta entonces, ni er libanó se había goUo las yeguas, ni el C y o se había berreao, ni resollaban los burros del Cortijuelo. Llamábase á Curriyo para notificarle la sentencia recaída en la vieja causa. Estaba condenado á un afio, ocho meses y veintiún días de prisión correccional. Leyéronle la parte dispositiva. -Güeno, objetó Curriyo tranquilamente. Eso es pa er que me jirió, sino que s ha diquibocao su nombre con er mío. Se ermienda y aquí no ha pasao na. ¿Qué estás diciendo? repuso el escribano. Lo de tu herida fué una falta. A ti se refiere la condena. ¡Qué grasial exclamó ya intranquilo el gitano. fConque ér, que me jirió! i Y yo, que no le jerí! -Pues á ti te condenan por el disparo. -I Pero si yo no jise na, más que rufo! -Pues así y todo. Tú no entiendes de esto. Meditó el gitano. Acompañaba la acción, no á sus palabras, que ninguna decía, á sus pensamientos; mas por ella éstos se vislumbraban. Al bueno áe Curriyo no lé cabía en la cabeza que le condenasen por un disparo al aire. Dijo al fin: iConque á presidio! Y ¿por qué? ¡Como no sea por mal apuntaó I E L BACHILI. BK FRANCISCO D E OSUNA