Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EBCUEEDOá DE VIAJE EL TEATRO ESPAÑOL EN EL EXTRANJERO i s allá de los Pirineos se nos conoce poco, y lo que es peor, de mala manera. Sólo tienen noticia de nuestra ruin y baja chulapería, nos pintan y caricaturan con el eterno traje de gitanos, con facha de salteadores de caminos, y no conciben á la mujer española sin la navaja en la liga. Entre los muchos infundios que han hecho memorable cierto viaje de Alejandro Dumas, se cuenta el de no haber encontrado en Madrid un sombrerero que supiera componerle un sombrero de muelle, razón por la cual acudió á una relojería, donde le hicieron tan mal el arreglo, que por la noche, yéndose cada pieza por su lado, el tal muelle se convirtió en una especie de despertador que puso en alarma á toda la vecindad. Este pobre concepto que de nosotros tienen formado obtendría categórica rectificación si menudearan viajes como el que acaban de hacer María Guerrero y Díaz de Mendoza. Han paseado triunfante nuestro pabellón por el mundo del arte, sin imitar á OEDKNINDO LOS REGALOS la Dusse y NoveUi, qne gracias al fructífero sistema de toumées, j poseen cuantiosa fortuna; ellos, más generosos y desinteresados, vuelven sin utilidades pecuniarias, con sólo el orgullo de haber dado á conocer por el extranjero las inmortales obras de nuestro teatro clásico de Lope de Vega, de Calderón, de Alarcón, de Tirso, de Moreto, y las modernas producciones de Zorrilla y Echegaray, de Feliú y Codina y Guimerá. Una de las cosas que más llamó la atención en París fué el carácter aristocrático de los artistas directores de la compañía. Le Fígaro les calificó desde el primer momento Une troupe d hidalgos. Y cariosa coincidencias la misma noche que Díaz de Mendoza hacía allí su debut, un gran señor italiano, el príncipe Federico Pignatelli de Aragón, se revelaba en un teatro de Ñapóles como director de orquesta. Veíase con asombro que Díaz de Mendoza fuera un aristócrata hecho artista por amor, como el marqués de Sigognac en el Capitaine Fracase de Theopbile Gautier. Llegan, y la prensa francesa les colma de elogios. Se anuncia la primera función, y cuando todo se hallaba dispuesto, el mismo día por la tarde se encuentran con que no po (Uan colgarse las decoraciones de La niña boba, El escenario de la Benixissance, el teatro de Sarah Bernhardt y de Coquelin alaé, era pequeño para una obra que requiere tantas mutaciones. Todas las localidades vendidas, los críticos invitados, el público con mucha curiosidad; en fin, un conflicto inmenso. ¿Qué hacer? No queda más remedio que suspender la función y buscar un pretexto. ¿Cuál? La Sra. Guerrero se ha indispuesto repentinamente. Al otro día las dificultades eran las mismas. Fué preciso cambiar el cartel. Esto pudo contribuir á un fracaso; los periodistas tenían sus estudios hechos de la obra anterior, y la súbita variación hacía impublicables artículos enteros ya preparados, algunos con ribetes de erudición barata, marca Larousse. La noche de la inauguración estaba el teatro lleno de bote en bote. La costumbre que hay en París de tener la sala de los teatros á media luz durante la representación, hacía que los actores se mostrasen un poco extraños. Además, el interés que despertaba la novedad del decorado y de los trajea contribuyó á que ellos OTRO VIAJE KN ESTUDIO M