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INTERVIEW S C o n Capa- -T ota Estación de Irún. ¿Es al Sr. D. Eugenio Caparrota á quien tengo el honor d hablar? -Ya estamos en Irún; ya estamos en España, gracias á í) ios I ¿Tan mal lo ha pasado usted en París? ¿Viene usted á registrarme los equipajes? -Nada de eso, Sr. de Caparrota; vengo á intervewiarle. Soy periodista; el primer periodista que ha llegado con ese propósito á la frontera. galantemente delante de una puerta sobre quién ha de- -Bueno, pues lo mismo da que usted me pregunte ó pasar por ella primero, y antes de que se acabe esta disque usted me registre. ¿Desea usted saber cómo lo he pa- puta, los yanquis se ños han colado ya en Cuba, en sado en París? Coja usted esa maleta. Puerto Rico, en Joló y en Filipinas. Es admirable, admi- -Está vacía y llena de agujeros. rable, cien veces admirable nuestra educación! -Pues ahí tiene usted todo mi protocolo; quiero decir, -O doscientas veces más admirable su frescura. En todo mi equipaje. (Estornuda. fin, puesto que usted se empeña, voy á ser yanqui por la- -Perdone usted, señor; también se trae usted un ex- primera vez en mi vida. Pasaré delante y robaré todas celente constipado 1 y qué bien huele su pañuelo á agua las cucharas que haya en la mesa. de Colonial- -Veo que los bien como- -Es la indemnización que nos han dado por las otras ayl sin haberlos conoce usted tan; sentémonos. yo, pero padecido. Ea! Jos yanquis. Tres gotitas de olor! Mentira me parece trae los dos cubiertos que no haya robado todavía Mozo! algún hallarme al fin en la patria de Meco y pisar esta tierra yanqui. sagrada sin que láe la dispute un yanqui. -I Va en seguida, señorito I- -Písela usted, písela usted bien, que á eso vuelve á- -Esconda usted el reloj, que dice que viene en España: á hacer política. ¿Mas por qué refleja su cara esa expresión de dolor? El recuerdo sin duda del infortuna- seguida. ¿No se quita usted la capa para comer? do Meco- -No, señor; cómo perfectamente por los agujeros. -No, amigo mío; es que al pisar firme me han hecho los callos ver las estrellas- -Hombre, que me placel tortilla francesa. Y aún se queja usted de la rapacidad de los yanquis, -Yo estoy ya cansado de ese plato; no sirven otra señor de Caparrota! Vuelve usted á España con una ma- cosa en los cabarets parisienses á la moda. Probaré, sin leta llena de agujeros, con un constipado de primer orden, embargo. No me ponga usted más. Muchas gracias. con el pañuelo impregnado de agua de Colonia, y con ca- II Cielos! llos, y aún se queja, repito, de la codicia ladronil de los- ¿Qué le sucede á usted, señor de Caparrota? Usted norteamericanos I palidece; usted tiembla; usted Dígame, por Dios, qué- -Hombre, esperaba traerme por lo menos el archipiélago de Aguinaldo; pero juadal ni siquiera m han le ocurre! -No lo había notado hasta ahora. Fué sin duda al consentido el aguinaldo; eso, que se le da á cualquier gallego I Digo, sí, traigo en concepto de tal, no de gallego, despedirme de la Comisión enemiga de la paz- ¿Pero qué nueva desgracia sino de aguinaldo, un dolor insoportable en esta pierna. -Que me han robado hasta los dientes. Una hermosa- ¿Será gota? dentadura postiza norteamericana- Qué ha de ser! Si fuese gota, ya me la habrían qui- -Toma, pues se ha vuelto á su país. Después de todo, tadef los yanquis. Es reuma indudablemente. es el único robo que le han hecho á usted con algún ¿Y á qué lo atribuye usted? fundamento. -T A meterme en los charcos. Crea usted que el de- -Pero ¿qué hago yo ahora? París no ha sido flojo! En fin, á pesar de tantas desventu- -Conformarse; podían haberle á usted ahorcado como ras como han llovido sobre la patria de Meco, conservo un apetito excelente, apetito que se aumenta al verme al Caparrota anterior y robarle después los dientes; dienen tierra española. Me comería ahora mismo la Presiden- tes de ahorcado, que son magníficos amuletos. ¡Harto han cia del Consejo de Ministros. ¿Quiere usted que entremos hecho con quitárselos sin ahorcarle! ¿Pero ha conocido usted algún político sin denen el restaurant de la estación? Estoy á sus órdenes; pero me figuro que no van á tadura? -No, señor; pero en cuanto llegan ustedes á Madrid poder servirle ese plato. N o importa; pediremos pote, que casi es lo mismo, les salen á todos los dientes. Al tren, pues, y regresemos sobre todo cuando mandamos los liberales. Hágame juntos á la corte. -Vamos en seguida. Hágame usted el favor de llevarusted el obsequio de pasar delante. el vagón los- -De ningún modo, señor de Caparrota; usted primero. me hasta mucho gusto. agujeros de la maleta. -Con Caramba, -y cómo pesa nuestro- No lo consiento; primero usted. imperio colonial, señor de Caparrota! Jamás, señor de Caparrota! GiNÉs DE PASAMONTE ¿V e usted? esto es lo que yo echaba de menos en las conferencias de París: la excelente educación que teneDiBtIJO DI BLANCO OORIS moB los españoles. Nosotros estamos aquí disputando