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culebra, -otros tantos anzuelos y redes para Alejandro, de los cuales no acertaba á desenvolverse- Y como Quiera ZLT -a t a n t e venían á BU tienda ó á su palacio damas persas á impetrar clemencia V 5 u s t L í l e i a n S o ías r e í b? v íl una mujer, cubríase el rostro con un p a r r p u r i y Í S i t T f r u í prisionero de un general de Alejandro el sátrapa Artasiro, -y habiéndose resuelto aue SI el sátrapa no entregaba pingües tesoros que suponían ocultos le matarían cortándole en pedatos. -la ünica S r: ¿í r- -Í: S 5 ÍS 2 í V C 4 r- 5- -r LÍlfc? El c? ndor a T P P di l labrar á su padre del Z i T P f a de Zenana se revelaban en la sencillez no estudiada de su atavío; vestida ya de luto T e d s o aue T Á r S í 1 f 1 Podría agradar Y Í á S z o ma tí H í f í P l í ll hermosura, ni menos poseía el hechizo malvado de las grandes cortesanas de Babüonia, que saben con añagazas y tretas enredar ún albedrío Sin embargo, Alejandro, al oír que una mujer moza solicitaba audiencia, se echó el paño por cara y hombros, y así la recibió chfi ZrZl T TM 1 1 ión. y bañándolos con mu! 7 TM P 1 Í 3 to de su venida. Notando que Alejandro la escuchaba atentísimo y al parecer con extraS n T a d Z r f detenidamente el caso. Y así que hubo oído la promesa de que su padre tenía la vida salva, Zenana, después de estrechar otra vez las rodillas de Alejandro, desapareció, yendo á ocultarse con su nodriza eñ