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LOS DANÍCHEFF COMEDIA EN CUATRO ACTOS, DE COSTUMBRES RUSAS, ARREGLADA Á LA ESPAÜOLA POE LOS SKES. D. VALENTÍN GÓMEZ y O O N Z A L E Z LLANA ESTRENADA EN EL TEATRO KUKVO AUTO I. -La condesa Danichifi indígnase con toda su sangre azul al oir á su hijo el conde Wiadimiro que quiere casarse Gon una sierva de su casa llamada Ana, cuando ha soñado para él una princesa, por lo menos, de Coburgo Gotha. El chico se mantiene en sus trece, y solicita de su msdre que hasta su vuelta de Moscou no haga una de las suyas, porque la Condesa es botinera, bien t uesta y sacudida de carnes. Pero ¡que si quieres! en cuanto Wladimiro ha doblaílo la esquina, ordena que Ana se case con Osip, un cochero siervo de la casa, contra la voluntad de Ana, que ama al Conde. Osip, en cambio, está que no cabe en su servidumbre, porque Ana le gusta. K Padre Andrés, que más que otra cosa parece el Brujo de los salones, Arma el acta de matrimonio, y acaba el acto primero. ACTO II. -fll veterano Mata, en clase de diplomático trances, hace oonversai ion en el salón de la Princesa, la prorneuda del conde Wladimiro, y entretiene á las señoras con varias agudezas. El conde Wladimiro sabe por el propio diplomático, que es un trae y lleva, que su madre ha hecho una de las suyas al casar á Ana con Osip, porque, como en Belchite, ya se sabe en Moscou el suceso; el Conde, naturalmente, se indigna, y la dice á su madre cosas feas, y con razón. La madre, aunque tarde, comprende que ha metido el remo, aristocráticamente hablando. La Princesa se queda por puertas, y el Conde pone pies en San Petersbui- go, acompañado de su madre y de un saco de noche. La Princesa, que también es de cuidado, jura vengarse de aquel ruso tar desconsiderado. ACTOS I I I y IV. -ÜBip, que ya se consideraba feliz al vivir con AT a, y que creía que los amores del Conde se hablan con vertido en agua de cerrajas, enmudece al oir al Conde confesar su pasión, no sin antes haberle querido cruzar la cara. Pero Osip, que aunque cochero no se porta como tal, al saber que el Conde y Ana siguen queriéndose, renuncia á su mujer, que la entrega al Conde en un rasgo de sublime generosidad. Para que ella quede libre, Oaip se mete monje. Así complace á sus antiguos amos, y paga, según él dice, deudas antiguas. Pero monje y todo, es muy capaz de dejar el convento á poco que se esfoorcen Los Danicheff, porque de Osip, como diría López Silva, se pitorrean todos. El Conde y A r a se capan, después de tantos trabajillos, ante el Padre Andrés, que por lo visto vive de eso. Ltris GABALDÓÑ DIBUJOS DE ROJAS