Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
artista ¡Qué mala es esta ginebra; sab á palillos d e la d e n t a d u r a I Si yo fuese tabernero, la vendería u n poco mejor. (Alto. A propósito, amigo Martín; ¿usted s e resiente todavía d e la pierna? M A S T Í N -C u a n d o hace nublp cíímo hoy, ó está el tiempo h u m e d a d o D. A N T O N I O -Í Y al trabajar? D. A N T O N I O -V a m o s pues. (Entran; D. Antonio se sienta al lado de una mesa. Tiene la cara pálida y con expresión de cansancio ó de tristeza. M A E T I N (solicitó) ¿Le: sucede á u s t e d algo? D. ANTONIO. -Martin, vengo del Viaducto. M A E T Í N (asom míío) ¿Usted? M A E T Í N -S í señor, también; pero ya me quedaría cojo con gusto con t a l de t e n e r trabajo á m a n t a D. A N T O N I O -P u e s ¡ea! m e h a cogido u s t e d e n u n a b u e n a noche; n o se r e s e n t i r á m á s de la pierna. Y o soy rico, n o tengo familia n i amigos a p e n a s Soy algo hipocondriaco; ya s é q u e n o entiende u s t e d eso. Quiero decir, que tengo mis tristezas, y u n a s veces m e d a por mir a r á todos los h o m b r e s con t a n t o cariño como si fueran hijos de mi m i s m a m a d r e ila pobrecilla que era t a n buen a! y otras veces m e parecen sapos, pero sapos venenosos, y entonces m e producen aseo, u n aseó t a n grande, q u e desearía aplastarlos con el pie, pero n o con ninguno de los míos, sino con u n pie ajeno, u n pie alquilón E n suma, y dejándonos d e mis simplezas: usted m e parece u n a persona honrada, u n ser infeliz, trabajador y m u y aficionado á los pájaros fritos. M A E T Í N -S e ñ o r d e todo lo q u e e n t r a p o r la boca, n o h a y n a d a mejor. Soy ciego por ellos! D. A N T O N I O -P u e s bien; yo le voy á poner á usted u n establecimiento, u n a taberna. U n a t a b e r n a mejor q u e ésta, y en u n sitio m á s céntrico. Si prospera merced á s u trabajo y á sus cuidados de usted y produce mucho, m e dará usted algo de la ganancia. Si n o todos los gastos y todas las quiebras y todas l a s goteras corren á cargo d e m i bolsillo. ¿Qué le parece á usted? M A E T Í N (conmovido y expresándose con dificultad) Dios mío, Dios mío, qué ánscel bueno m e llevó esta noche á t i r a r m e por el Viaducto! ¡Ah, caballero! D. ANTONIO (cortando SUS manifestaciones de gratitud) -Trato hecho, Martín. (Al medidor. Tráete otra docena de pájaros fritos. OOADRO T E R C E R O (Taberna de Martin, instalada por D. Antonio de Leica. Establecimiento casi elegante, con apárien das de Colmado. Aspecto de prosperidad. Mar tin, grueso, colorado y bien vestido, atiende á la parroquia. Son las doce de la noche. Invierno. Ha transcurrido un año desde los cuadros anteriores) D. ANTONIO (entrando en la taberna) ¡Martín, Martín 1 M A E T Í N D. Antonio! ¿Usted por aquí? 1 Qué sorpresa tan agradable I D. ANTONIO. ¿Hay gente en esa habitación? M A E T Í N -K o señor; pero aunque la hubiera; con echarla... li. A N T O N I O -Y o P o r cosas del alma ó d e d o n d e sean, q u e n o sé explicarte, n i a n n q u e supiera comprenderías t ú probablemente, m e h e acercado á la barandilla, sin subirm e á ella como t e subiste tú, pero viendo algo m u y n e g r o que m e llamaba desde abajo. A ti t e detuve yo cuando ibas á matarte; á m í m e h a detenido n o sé qué tal vez el miedo. El miedo á la m u e r t e ó el miedo al ridículo. Al verme, en fin, hecho u n suicida frustrado, recordé que t ú r e a n u d a s t e t u s relaciones con la vida comiendo pájaros fritos, que deben d e ser medicina eficaz para las almas desesperadas, á j u z g a r p o r la alegría q u e t e produjeron m o m e n t o s después de i n t e n t a r matarte. P u e s bien, Martín, haz que m e traigan u n a docena. M A E T Í N (vacila, se pone colorado y, tartamudeando, dice) So no hay hay en toda... en toda la casa u n pájaro frito. Si u s t e d quiere riñonec, entrecote, pescadillas, besugo, criadillas, calamares D. ANTONIO. -No, n o quiero n a d a d e eso. No tengo apetito ninguno. H a b í a n d e ser pájaros; t ú sabes la razón M A E T Í N -V a m o s pues lo siento m á s No sé yo lo que haría También es desgracia 1 D. ANTONIO. -Entonces, adiós. M A E T Í N ¿P e r o s e m a r c h a usted? ¿No volverá c t r a vez al Viaducto? D. A N T O N I O (sonriéndose) -No, Martín. H a s t a mañana. (Sale. MAKTÍn (despuh de acompañarle respetuosamente á la puerta, vuelve á la habitación interior de la taberna, se sienta en la silla que ocupó D. Antonio, medita un laruo rato con cara de diiigusto, y dice al fin, llamando al dependiente) -I Pascual! F A S C U I -iSeflor! M A E T Í N ¿Q n é gente queda ahí? PASCUA L. -Esos pelmas de todas las noches. M A E T Í N -Échalos, cierra las trampas y t r á e m e la cena. Y a sabes, la docena da páj ros fritos que m e a p a r t a s t e esta t a r d e (Mientras está cayendo el telón, sacaei apuntador la cabeza de la concha, y dice) JiL APTJKTADOE. -Respetable público: qué hermosa es la caridad I que delicia el hacer bien, pese á los pájaros fritos I J O S É D E EOITRE DiEffjos DK MÉNDEZ BRIKGA