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La cindad del ruido es esta adorada Easo, en lengua castellana San Sebastián, que seria la más encantadora del mundo si yo fuera sordo. Suele ser el veraneó invitación al reposo; parece natural que después de la agitada vida de las grandes capitales, allí donde el que tiene el cerebro fatigado va á buscar descanso, lo encuentre... iPues aquí no lo encuentra! Ni le hace falta, por lo visto. En España, todo lo que no sea irse á la cresta de un monte, no hay reposo posible en ninguna parte. Mis paisanos han dado con el verdadero nombre nacional para ponérselo á una Sociedad benéfica. La han llamado M Buido. Sé extrañan nacionales y extranjeros de que los acontecimientos m s terribles nos dejen tan frescos. i Sobre qué no tenemos n e m os I Pues si en Espafiá hubiera nervios, ¿vendría nadie á San Sebastiáü en veranó? ¡Y cada afio viene más gente, y cada afio hay más ruido! 1 Ruido en verano, ruido en otoño, ruido en invierno ruido átoda; s horas I Yo suelo quedarme aquí á pasar la otoñada, que suele ser deliciosa. Este año, alvo que Hueve todos los días hace un mes, que por. la tarde hace calor y por la noche se hielan los paraguas, y que la carne sabe áyorbey el agua está turbia, nél otoño es pre ciósoü Las tardes se las pasii uno enteras jugando á ca raixibólas, y las, noches jugando á palos. Es un disfrutar toco Seis horas seguidas oyendo: ¿Cuántas tenemos? ¿Cuál es la mía? Con diez juega, por diedsietel- No te metas, bola! Métete! I y- R Todo el mundo grita; los tacos se caen con estruendo; los; chapos producen alborotos; venga ¿gua y venga ruido! -T- ¿También hay mido cuaivdo se van los veraneantes? nie preguntará el. curioso lector. ¡También! Son otros, ruidos: ruidos de invierno; ruidos forales, como si dij anaosJ: Los del verano son francos y los del invierno traidores, -En verano se levanta usted oyendo frotar el cuarto de eacima. Viva. usted donde viva, tendrá usted esos frotamientos qiie le imposibilitarán dor. inir. Eun- run, run- run, rvm- riun; ea, al suelo! En seguida, música de la charanga. Para anunciar cualquier cosa, partido de pelota, función de teatro, corrida de toros, lo que sea, una banda de música por las calles y cohetes. ¡Pero qué cohetes! Debeíi ser del sobrante de las escuadras yanquis, porque cada uno es nn. cañonazo, y los sueltan á; Cug, trp, rnetros d distancia del que está j tranquilamente en un banco le- yendo Lá Voz. Que entra un barco, ¡cañonazos I Que hay corrida mañana, ¡chupinazos! ¿Que hay fiesta en San Marcial? Diez ó doce mil tiros! En este tranquilo país dicen los periódicos y los historiadores. No, señor, no; es honrado, bien administrado, pintoresco, católico, ¡pero lo que es tranquilo, eso no! Concierto por la mañana en el Bóulevard; concierto por la tarde en el Casino; concierto por la noche en el Bóulevard, y otra vez concierto en el Casino. Este yeraano ha oído la genle trescientos sesenta eondertoB! Y vengan iMéiSm, y B i meééfí y Sugmo-