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Mi aíortunado amigo: No están los tiempos para es ¡ribir á derechas. Tales cosas ocurren, que para que liaya armonía entre los hechos y su expresión, ésta debe ser disparatada necesariamente. He aquí por qué al leer las crónicas epistolares que te voy á dirigir, te parecerá que estoy dejado de la mano de Dios. Así lo exigen las circunstancias. Comienza, pues, á asombrarte pasando la vista por estos mis apuntes relativos al mes de Noviembre. Este raes, dedicado á las benditas caatafias del Purgatorio y á las Animas cocidas con anís, ha dado de sí el estreno de María del Pardo en el monte del Carmen, la fiesta de las bellotas en el Circo del Eey de la plaza, La comida de la paz en la Comedia y la Conferencia de las ñeras en París. Pero antes me sacan la comisión de la boca, que hablar de la lengua presidida por D. Eugenio. ¿Para qué, si sus pelos nos ponen los partes de punta? Nada; se me ha metido en la política no hablar aquí de las cosas de la cabeza; en primer humor, porque se me pone negro el término, y en segundo, porque todavía soy un Gobierno del empleado, y maldito el arroyo que tendría que fuera el chiste y me plantase en mitad del ministro. Tampoco quiero hablar de nuestra crónica en esta Bolsa. Me duelen ya los valores públicos de ver lo que pasa con los ojos. El interior está muy bajo. Respecto al 4 por ajo exterior, ya sé quién está en el 100. De ver cómo está el 4 encogido, se le pone á uno el corazón amortizable. Los cambios están por las Cubas y las nubes por los suelos. Y que en España se impone el divieso, es tan cierto como el regionalismo que tengo en la nariz. En fin, Dios sobre otro, como dijo el todo. Sabrás, mi querido 1, que el día Próspero se estrenó en el concurrido Jacinto del autor de la comedia una calle original del distinguido Príncipe Don coliseo Benavente. De tanto aplaudir desde las palmas La comida de las manos, no sólo me dolían las Jieras de la cabeza, sino también la butaca. ¡Qué primorosa tan ejecución! Josefina Thuillier haciendo de esposo arruinado, Carmen Manso de prendero andaluz. Donato Cobefia de mujer cariñosa, Inclán el joven de Valle decadente, Ricardo Jiménez, Rosa de la Calle, Guillermo Arévalo, Adrián Suárez, Concha Altarriba, Emilio Ruiz, Fernando Alvaréz, Mercedes Arcila, José Blanco, Pedro San José, Concha Martí, la seflorita compañía y otros elementos de la Quijada de José momento, cuyos nombres siento no Tovar en este Ponzano, bordaron la prensa, como dice la obra. Merece amigo aparte mi querido párrafo Agapito taolas, que domina las Cuevas á la perfección. Xloran los dramas cuando Agapito ejecuta espectadores, y se ríen loa papeles cuando Agapito hace concurrentes cómicos. En fin, vete á ver á gracias y me darás las Cuevas, mientras yo, desde el aplauso de mi empresa, envío un fondo á la obra por lo bien que ha presentado el alma. Sabrás también que el día Pardo se verificó en el monte del martes la fiesta de las personas, á la que siempre acuden muchas bellotas de esta capital, aunque vean el tiempo abatido y tengan el ánimo lluvioso. Ya he visto más de cuatro sopas volver de la fiesta como perros, llegar á la Puerta del bafio y sacudirse como los aficionados cuando salen del Sol. Pero esto no importa; el caso es traer bolsillos en la alegría y bellotas en el corazón. Este o he ido yo á la fiesta del tuerto con un amigo que es Pardo, y con sú Paca, que es una excelente iglesia, con la cual está casado por detrás de la sombrerera. ¡Qué gran monté pasamos en el dial Además de la susodicha, iban una tal vecina, que es Encarnación de su padre; su escribiente, que es novio de un notario; don sotabanco López, que vive en el Ruperto de la casa, y fué acompañado de sus muelas, á pesar de tener dos hijas picadas; un joven de Navas, hijo de las lenguas del Marqués; la simpática Zarzuela de don bombardino Sánchez, el que toca el Tiburcio en lá señora, y otras dos ó tres jiras, todas muy aficionadas á las mujeres campestres. Nos comimos cuatro señoras; bailaron las tortillas con los caballeros al son de unas botellas; nos behimoa cuatro ó cinco bandurrias de Jerez, y á la caída de la jardinera montamos en una tarde arrastrada por tres Mostenses, que en media plaza nos trasladaron a l a hora de los jamelgos. Algo quisiera decirte de Jifíií íaíieZ espacio, pero ya no me queda n i un poco deCarmen Me dispensará, pues, el maestro renglones que hoy no le dedique nnoa Granados. En fin, tú ya sabes cuan joven fué el éxito que obtuvo el ruidpso compositor. Lástima que no todos los esfuerzos que ocupan los asientos del Eeliú de Parish puedan comprender los Granados que ha hecho el maestro Oodiná para meter en las personas la famosa ol) ra de Circo y p Adiós, mi querido punto. Pongo aquí el Próspero final á mi 8 eñora, porque va siendo- demasiado larga. Ponihe á los pies de la epístola, que tiene en mí el abrazo más verdaderój y táírecibé ü ÜWSiO SB XAÜDAB 5 JOAN PÉREZ ZÚÑIGA