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s í -jir LOS DOS. HOMBRES Un gran sefior que vivía en cortesanos lugares siempre de orgía en orgía, de Huesca en la serranía heredó grandes pinares, que en gran olvido tenía. Pero su vida lujosa hizo á su fortuna guerra tan aciaga y desastrosa, que, ante la estrechez odiosa, volvió á la fecunda sierra la mirada codiciosa. Mandó al colono talar la posesión á su gusto, ordenando cercenar de tal manera el pinar, que no quedase un arbusto que pudiera retoñar. Cuadrillas de jornaleros dieron asalto á la altura, y arremetiendo certeros contra la inmensa verdura, al filo de sus aceros fué cayendo la espesura. De muerte él árbol herido, se tambaleaba, crujía; dando el último gemido, sobre sus ramas caía, al choque se estremecía, y al fin quedaba tendido. El pinar, ya muerto, daba amargo pasto á los ojos; por sus heridas manaba, cual sangre, gomaentreabrojo 9, y triste el viento zumbaba moviendo tantos despojos. Desesperado el colono viendo yerma la heredad, exclamaba con encono: Todo por la vanidad del amo! No le perdono tan infame crueldad. 1 Ah! I Si ól los pinos hubiera en este monte plantado; si él á su sombra viviera y de sus frutos comiera, no los hubiese talado por nn capricho cnalquiera! -t t 4 Árbol, hermoso pilar en donde el fruto madura: tú das calor al hogar, fresca sombra en la espesura, y al fin, en la sepultura caja donde reposar! Tú eres gala y ornamento y jaula donde reposa el ave y halla sustento; tú eres arpa misteriosa que con mano temblorosa pulsa cuando cruza el viento. El calor que el cielo envía lo acumulas en tus ramas, y luego en la noche fría y en el hogar lo derramas sobre quien la cercanía solicita de tus llamas. Eres la caridad viva, que á nadie sus frutos niega; ninguno hasta ti se llega sin que tu amparo reciba, y al fin tu cuerpo se entrega al hombre que le derriba. Eres emblema de amor, símbolo de la virtud; das á los montes verdor, á las llanuras salud, báculo á la senectud y lanzas para el valor Al fin, pobre, arruinado, y no pudiendo sacar fruto del monte esquilmado, el dueño vendió el pinar al colono, su criado, por lo que le quiso dar. El cual encontró muy luego el compensador tributo: paz, abundancia, sosiega; no vivió, cual su amo, ciego, porque hay hombres que son fruto y otros hombres que son fuego. Unos que dejan dolores, quebrantos, duelos y espinas, y otros que con est s ruinas fabrican nidos de flores, casas puras y divinas que están respirando amores. EAFABL T O B R O M É m