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V A Q U E R Í A M O D E L O POE EOJiS ARTÍCULOS DE ARDER Porque no son de comer ni de beber los que comunmente se expenden en este Madrid de nuestros pecados, sino de arder en un candil ó de arder en los quintos inflemos, si en tales lugares, á la vez que un círculo para los adúlteros, hay otro para los adulteradores. Vivimos de milagro, y hacen bien las naciones cultas al asegurar que nos alimentamos de ilusiones, porque la verdad es que nos hacemos la ilusión de que comemos esto y lo otro, cuando nuestro alimento cotidiano lo forman las más raras especies del reino animal y las mezclas más extraordinarias inventadas por la química barata. -Come uno, y no sabe lo que come, decía cierto huésped escrupuloso en una capa de pupilos barata. ¿Que no sabe? respondía indignada la pupilera; pues échele usted un poquito de sal; bien á la mano tiene usted el remedio. Nunca agradeceremos bastante á la autoridad municipal esas campañas que en pro de la higiene pública y de la salubridad del vecindario realizan algunos tenientes de alcalde. Las tahonas, las casas de vacas, las salchicherías, los puestos de caza al aire libre, los grandes mercados como las pequeñas mesas ambulantes, no tienen secretos para los ediles madrugadores y de buen olfato. Ayer, dice un diario, decomisó el activo D. Heliodoro una arroba de pan falto de peso. Y uno exclama en el colmo de las confusiones: -I Cielo santo I ¿Oómo serán las arrobas faltas de peso? Los géneros averiados, las carnes mal conservadas, todo lo que cae en la alforja municipal, es llevado unas veces al quemadero y otras á los asilos de Beneficencia, porque los chicos lo digieren todo. -A ver, estos conejos pregunta imperiosamente el edil metiéndole el bastón por la cara al dueño del puesto. -Ya puede usted mirarlos todo lo que quiera. ¿Serán frescos? -I No que no! Como que esta madrugada aún corrían por los tejados. Por los barrios bajos, la gente del pueblo aplaude en ocasiones á la autoridad, apiñándose á su alrededor y obstruyendo la puerta de un establecimiento sospechoso. Se trata de un matadero clandestino. ¿En qué lo conoces? le preguntan á uno de los curiosos. -Pues mira, en que ha venido á sorprenderlo una pareja de la guardia municipal montada- -Y ¿qué ha ocurrido? -Que han salido á pie. Sin em bargo, los industriales de mala fe no escarmientan, y el ingenio de algunos tenderos sabe encontrar para cada artículo su correspondiente mezcla más ó menos nociva. -Este azúcar no es azúcar; no endulza- ¿Cómo que no? ¡Si es cortadillo! -Usted sí que es Cortadillo ly Rinconetel El vino, la leche, la carne, el aceite, todos los artículos de primera necesidad tienen su liga, como la moneda de mejor ley. Pero entre todos ellos, la leche es el que encierra mayores peligros para la salud. Si procede de vacas tísicas, produce la tuberculosis; si se encierra en vasijas de cobre, ocasiona graves envenenamientos; cuando no se agria, se corta; y en todo caso, un cuartillo de leche puede traernos con su bautismo nuestra extremaunción. LUIS BOYO VILLANOYA