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de X, senador del reino y banquero en Madíid, Parla y Londres; de todo responderé en 8 U día, y sólo les ruego me perdonen el mal rato que les he dado, sobre todo á esta señora. Nadie desplegó los labios, y á los pocos minutos el tren se detuvo. Precipitadamente nos apeamos y dimos cuenta del hecho á la pareja de guardias. El marqués, que había bajado antea que nosotros, se dirigió asimismo á los civiles diciéndoles: -Soy el marqués de X y necesito inmediatamente hablar con el jefe de ustedes. Un capitán de la Benemérita se acercó á nuestro grupo; pero antea de que pudiéramos decirle una. palabra, llevándoselo aparte el marqués, conferenciaron algunos momentos. Luego, aproximándose el oficial, nos dijo con la mayor cortesía: -Sefiores, tengan ustedes la bondad de dejarme sus nombres y señas para remitirles los equipajes, que ahora miamo saldrán en su busca; el señor marqués se queda aquí, y no duden ustedes ni por un momento de que se haya perdido nada. Estupefactos dimos nuestras tarjetas, y sin salir de nuestro asombro subimos de nuevo al tren, que nos arrastró hacia París con una velocidad de 45 millas por hora. Hago gracia á los lectores de los comentarios que sobre este hecho extraño se nos ocurrieron durante el viaje y las censuras que dirigimos á nuestra pobre nación. -Es inaudito, declamos, lo que en España ocarre: basta ser ministro, ó senador, ó diputado, para resultar inmune y exento de tod r prn nbi ir! m r v n -re o- i, -m hombre, si- este hombre es un personaje, ya tiene patente que le autorice para- cometer todo género de excesos Y á este tenor continuamos hablando ó pensando hasta nuestra llegada á la capital de Francia. Cuatro días después de hallarnos instalador en el Chrand- Motel, recibimos una mañana nuestros perdidos equipajes y una carta del marqués dirigida á todos, y de la que conservo una copia que dice así: Muy distinguidos señores: Confío en que después de leer estas líneas me perdonarán el mal rato que les proporcioné durante nuestro viaje en el sudexprés. Mi conducta de aquella tarde merece una explicación, y voy á darla. Soy banquero, como les dije, y mi viaje obedecía á una urgente operación de crédito; en mi cartera llevaba billetes y láminas al portador por valor de dos millones de francos; cuando me asomé á la ventanilla me dio la malhadada idea de cambiar de bolsillo la car tera, pero con tan mala fortuna, que escapándoseme de las manos fué á caer á la vía; juzguen bresalto. En aquel instante y con la rapidez que sólo er- il.i miento, imaginé cuan difícil sería hallar entre i: imedio del campo una cartera relativamente pi ¡nt- fi y por inspiración providencial, se me ocurrió iTrojí bultos mucho mayores que pudiesen servir de sn cil busca, y por eso no vaciló en hacer lo que hic- i- iucllii n- i noche salí con el capitán y varios números de la civil, y gracias á mi previsión pudimos encontrar, junto con Tueatros equipajes, mis billetes y láminas. Nada de esto quise revelar, entonces, por las razones de precaución que ustedes comprenderán, t r a t d o s e de suma tan elevadal Ahora sólo me resta presentarles de nuevo mis excusas; y si algo ha podido sufrir deterioro en vuestros intereses, tendré sumo gusto en repararlo en el acto, como le tengo también en ofrecerme de ustedes su más atento seguro servidor. -El Marqués de X NEMO DE VOLUNA DE BRINGA