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EL VIAJERO DEL SUDEXPRÉS Pocos minutos antes de salir el sudexprés de Francia, y cuando ya suponiamos que ningún otro viajero viniese á disputarnos un sitio en el departamento de primera que ocupábamos mi amigo Adolfo, un matrunomo joven y yo, abrióse la portezuela y penetró en el coche un caballero de aspecto venerable, y al que despedían en el andén otros varios sefioresque le prodigaban á cada frase el título de marqués Por simpática que fuera la personalidad del nuevo compañero de expedición, para nosotros tenía que resultar lo contrario, pues de hacer el viaje medianamente cómodo, á efectuarlo con una molestia más hay diferencia. Por fortuna, nuestro marqués era hombre sobrio en impedimenta y sólo traía consigo un pequeño saco de noche y una rioa manta de pelo de camello; la recién casada, en cambio, habla estibado todo el coche con un mar de maletas, sacos, cabás, sombrereras etcétera, etc. Por fin se dio la señal de partida, y el sudexprés se puso en movimiento. Todos ocupamos nuestros respectivos lugares guardando ese silencio observador que es inherente al comienzo de cualquier viaje; sin embargo, nuestras observaciones se dirigían al marqués, porque para nosotros, dueños primitivos del campo, él era el extranjero. ocupaba el asiento frente al suyo y pude contemplarmis anchas, mientras él sacaba de entre las correas a portamantas un periódico inglés disponiéndose á I) su fisonomía, en su traje, en sus más pequeños movi tos se adivinaba al perfecto caballero de impecable ución; su edad cifraría en los cincuenta y cinco ó se años, y usaba patillas blancas y á la inglesa, llevando dos el bigote y la barbilla, lo que le daba aspecto de 1 fe de nuestra Armada. 1 indo ya la luz del día iba faltando, dejó el periódico y- 1 í) se á la ventanilla de la portezuela; allí permaneció os minutos como extasiado en la contemplación de una brillante puesta de sol. De pronto lanzó un agudo grito; volvióse hacia nosotros T r rforv. con ojos extraviados, y abalanzándose sobre su maleta v portamantas los arrojó á la vía; en seguida, y con mucha más rapidez que pueda L d a l s l e n de cribirlo, hizo lo mismo con los bultos de nuestra pertenencia que h a T b a á la m o I Z o c n Viéndose a g r e d i C r U r e r r a c S r d e Z s r x L t L Í r p r S r c o T u r a Í- L a nos pusimos de primera estación. barle para evitar mayores daños, pero resueltos á entregarlo á la Guardia civil en la s e r t á i T u T a r n o T S? 1 i- nte. guardó el revólver, y- i K r a precisol indispensable, en absoluto, Kada os importe lo acaecido, ni me pregunten; soy el marqués