Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
C. í V- Mgéí: -N Í UA ñ. l. I LOS SALVADORES DE PUEBLOS CASTILLA. -FRANCIA. -INGLATERRA. -RUSIA. -HOLANDA. -PRU 3I A Afligidos por tanta desventura, desconcertados por la magnitud de- la catástrofe, andamos buscando un hombre que nos salve. f Ahí si tuviéramos un hombre! se dice por ahí, vacilando entre el temor y la esperanza. ¡8i resucitasen O Donnell ó NarváezU, exclaman otros, completamente desesperanzados. c ¡Aquéllos sí que valían! ¡Ya no hay hombres como ellos! Y, en efecto, el hombre providencial, el salvador, no parece. ¿Estará elaborándolo en lo más recóndito de sus entrañas, con lo más puro de su sangre y lo más recio de su carne, esta atormentada sociedad española, hoy perdida en el inmenso desierto de sus infinitos dolores, sin norte y sin guía? Eso, ¿quién puede saberlo? Todo pueblo desgraciado esperó un redentor. El de Israel, perseguido por los egipcios, reducido á esclavitud en la primera explosión de odios antisemíticos de que habla la Historia, aguardaba silencioso y confiado la llegada de aquél á quien el Señor había de enviar para redimirle de la servidumbre. Entretanto Moisés apacentaba las ovejas de Jetró, su suegro, que era sacerdote en Madian. Nadie conocía en él al futuro redentor. Él mismo no se conocía. Pero en cierta ocasión el ignorado pastor madianita vio cómo ardía, sin consumirse nunca, uña zarza, y acercándose al prodigio, oyó la voz de Dios que le dijo: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí... Ven y te enviaré á Faraón para que saques de Egipto á los hijos de Israel. (Éxodo, cap. III, vers. 1 á 10. tSefior, no me creerán ni escucharán mi voz respondió Moisés. Y Dios le dijo: ¿Qué tienes en la mano? Una vara. tDéjala en el suelo. La dejó, mudóse en culebra, y Moisés asustado echó á correr. Llamóle el Señor y dljole: Cógela por la cola. Obedeció Moisés, y la culebra volvióse vara instantáneamente. En eso conocerán que se te apareció el Señor Dios de tus padres. Es verdad que los pueblos desconocen siempre al que tiene la misión de redimirlos, y que éste ha de llevar dentro el fuego inextinguible de una idea, ardiendo de la substancia del alma sin consumirla nunca, y el poder de hacer milagros. La vara mosaica es un símbolo. Sin ella no se corrige á los rebeldes, no se mueve á los perezosos, no se atemoriza á los hipócritas y traidores, y de rebeldes, perezosos, hipócritas y traidores se compone el relleno de cuantas agrupaciones humanas ha habido y hay en el mundo. Del fermentó de esa miseria sale algo bueno cuando la Providencia quiere, y de lo mejor de ese algo el hombre, su enviado, con la vara redentora en la manó para castigo de los malos y estímulo de los rehacios é indolentes. Mediado el siglo XV era Castilla el menos importante de los tres principales reinos peninsulares. Aragón habíase lanzado á las más altas empresas en el Mediterráneo, extendiendo su influencia hasta Oonstantinopla y el Mar Negro, y oponiéndose con fortuna en Italia á la de Francia, considerada entonces el más poderoso Estado de la cristiandad. Portugal había comenzado ya sus gloriosas aventuras en el Mar Tenebroso y era conquistador de Ceuta, descubridor de las islas de Madera, Porto Santo y Azores y explorador de la costa africana. Castilla era un cuerpo en descom. posición, con la cabeza completamente perdida. El rey vivía entre trovadores y juglares, á merced de los caprichos de magnates poderosos, dado al libertinaje y á la caza. Los nobles tenían organizado sistemáticamente el saqueo del reino, como aquel alcaide de Caatronnfio, al que casi todas laa villas y ciudades pagaban tributo. Algunos dellos, menospreciando las leyes divinas y humanas, usurpaban todas las justicias. Otros, dados al vientre y al sueño, forzaban notoriamente casadas, vírgenes y monjas, y hacían otros excesos carnales. Otros, cruelmente asaltaban, robaban y mataban á mercaderes, caminantes y á hombres que iban á ferias Ansi mesmo captivaban á muchas personas, las que sus parientes rescataban, no con menos dinero que si las o vieran captivado moros ó otras gentes bárbaras enemigos de nuestra Santa Fe. (Lucio Marineo Sicalo, Cosas memorables, lol 160. El caciquismo de entonces era violento y feroz; el de ahora manso y astuto. En la falta de entrañas y sobra de codicia eran iguales. Otros tiempos, otras costumbres; el fondo invariable.