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EL NUEVO ACADÉMICO ISIDORO FERNANDEZ FLORES La Academia Española ha abierto sus puertas á D. Isidoro Fernández Flores, y con él ha entrado en la docta corporación el periodismo moderno, representado por uno de sus más originales y característicos cultivadores. Figuraba ya entre los inmortales un periodista insigne: Selles; periodista fué también en su juventud brillante, y todavía alimenta los papeles públicos con diarias cuartillas, Emilio Gastelar; algo análogo puede decirse de Núfiez de Arce, por más que éste abandonó hace ya mucho tiempo el oficio; redactor fué de periódicos gaditanos, y director de la famosa Igtialdad de Madrid, D. Eduardo Benot; en Él Contemporáneo, del inolvidable Albareda, escribió Fabié, que ha ejercido durante mucho tiernpo el cargo de corresponsal del veterano Diario de Barcelona; Pérez Galdós ha trabajado activamente en algunos períodos para revistas y diarios; Manuel del Palacio cuenta de seguro entre las épocas más felices de su vida las de El Pueblo y el Cfil Blas; se puede asegurar que las únicas calaveradas de Santiago Liniera son las periodísticas, y no es aventurada la afirmación de que ninguno de loa académicos insignes, entre los que descuellan Campoamor, Valer a, Pereda y Balaguer, ha dejado de escribir en periódicos. Pero para todos ha sido accidental la vida del periodista, y tienen cada cual su nota dominante como poetas, como autores dramáticos, como novelistas, como historiadores, como políticos, mientras Fernández Flores, Fernánfior, Un lunático, el autor de las Cartas á mi tío, es esencialmente periodista, y con las cuartillas se ganaría el sustento si por dicha suya no viviera con independencia, sin necesitar de la labor diaria. Ni los cargos públicos como el de gobernador, que desempeñó durante el reinado de D. Amadeo de Saboya, ni el Parlamento, donde hubiera podido entrar cuando hubiera querido, le han seducido, y en cambio ha tenido siempre un periódico en que trabajar y una redacción en que influir. En Francia hubiera sido continuador de Emilio Girardin y de Alfonso Karr; en España ha sido uno de los padres de la Crónica, el que más ha trabajado para llevar la amenidad literaria á las columnas del diario político. Fué, con Gasset y Artime, el fundador de La IlttstraGión, que es hoy la acreditada Ilustración Española y Americana; y en El Imparcial comenzó á trabajar en la transformación que ha hecho del periódico antiguo al periódico á la moderna. En su bagaje literario tiene novelitas como La noche buena de Periquin, que son un verdadero primor, y cuentos preciosísimos; pero él ha sido, ante todo y sobre todo, el cronista, el hombre de espíritu observador, de percepción fina y delicada, de inteligencia despierta y viva, de refinado buen gusto, que aplica todas sus potencias al suceso culminante, para narrarle con originalidad, comentarle con ingenio, y revestirle, en fin, de todas las condiciones de la obra artística. Artista lo es hasta la médula de los huesos, que constituyen toda su figura, pues habrá pocos hombres de menos carnes. Llena su morada de antigüedades de mérito, y en medio de ellas, sentado en el sillón de terciopelo de que fué de algún Consejero de Indias, apoyados los pies en la tarima de un brasero del siglo XVI, rodeado de frailes de Zurbarán, de ascetas de Rivera, de damas y caballeros de Velázquez, piensa á la moderna, é ilumina su morada con la luz eléctrica, que sale de monumentales velones coronados por el águila de dos cabezas. Estaría bien con ropilla de terciopelo negro y gorgnera de encajes, si no tuviera que lucir las pantorrillas, pero aún mejor con la casaca y la chupa de los enciclopedistas del siglo XVIII, que es á los que más se parece en espíritu. Republicano de ideas, es un hombre que no se encuentra en su centro más que en los salones y entre damas; allí luce su ingenio con frases oportunas, breves, que tienen, según el momento, ó el aguijón de la abeja ó la dulzura de sus mieles. Su sátira es muy terrible, porque es muy fina, y hiere sin dejarse sentir apenas. El que le vea vestido sin sujetarse á la moda, con estilo propio en la indumentaria como le tiene en sus escritos, y de la única manera que él puede vestirse, y se fije sólo en la flor que luce en el ojal, ó en el camafeo que se prende en la corbata, creerá que es un hombre superficial, y se equivoca de medio á medio, porque Fernández Flores es uno de los hombres más serios en el fondo y más tenaces y constantes cuando se propone llegar á un fin deliberado. No teme la lucha, pero le repugnan los escándalos, y procede siempre con extraordinaria finura. Nunca ha sido joven, pero tampoco llegará á viejo; y asi como hoy parece el mismo del año 71, en el siglo venidero estará lo mismo que al terminar el presente, sin haber cambiado la forma de su ropa, ni aumentado de volumen, ni perdido de ingenio. En la Academia estará como en casa propia, y cuando vaya á las sesiones no echará de menos algo de lo que tanto le gusta: las antigüedades. KASABAL Fotog Framxn