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FRAGMENTO DE LA OBRA ACTO II. -ESCENA PBIMEBA E L MAEQUÉS DE OASTEOJBBIZ y DON FBBMÍN ANTÓN y después TOMILLAEES E L MAEQDÉS. ¡Señor D. Fermín Antón 1 D. PBEMÍN. Señor Marqués de Castrojeriz! MAEQÜÉS. -Está visto que aquí no hay más que dos grandes hombres usted y yo. D. FBEMÍN. -I Hombre, no tanto I ¿Por qué lo dice usted? MAEQTJÉS. -Porque somos los únicos capaces de confesar que nos aburre ese espectáculo tan nuevo, tan origina tan refinado. D. FBBMÍN. -Los acreedores de la casa de Cerinola cobrarán ahora un pico. La subasta debe haber producido un dineral MAEQÜÉS. -Me han dicho que ha dado usted pruebas de su buen gusto artístico comprando una porción de preciosidades. D. FJBEMÍN. -Sí; he comprado buenas cosas Mucha plata... ü n grupo muy grande de figuras que tendrá sus treinta libras de plata Está muy abollado Es una cacería, sabe usted, con su ciervo y sus perros Lo mandaré fundir y me harán un juego de tazas de cafó MAEQDÉS. -Muy bien pensado. D. FEEMÍN. -Tres docenas de tazas. Así no se rompen. No sabe usted el sinfinde tazas que se rompen siempre que da uno comidas. En casa tenemos tres juegos de esos de la China, otro que me costó tres mil francos en Sévres, en el mismo Sévres, y luego otro para diario que conipré en la Cartuja, en la misma Cartuja Todos están descabalados MAEQÜÉS. -Y unos tapices que me han dicho que ha comprado usted... Unos tapices de ¿de dónde son? p PEBMÍN. -Le veo á usted venir Eso es porque el otro día en el Casino dije, por equivocación, tapices de los Girondinos, y han hecho allí broma de esto, como si uno no supiera... Yo no me las doy de literato ni de sabio, pero para eaber que los tapices son de los Gibelinos Eso es como lo del cigarro de á diez reales, que también, me lo cuelgan á mí. MABQüÉs. La leyenda de los grandes hombres... (Entra Luis Tomillares. ToMiLLAEES. ¡D. Fermín, D. Fermín! Venga usted corriendo. D. FEBMÍN. IUsted me faltaba! No, si piensan ustedes divertirse á costa mía, decadentismo por decadentismo, prefiero los polichinelas ToMiLLAEKS. -Si es que yo quiero que me explique usted el símbolo del poema Porque, francamente, si usted que es un puro símbolo no lo entiende D. FBEMÍN. -Oiga usted, eso de símbolo ToMiLLAEES. -Figúrese usted que aparecen Edipo y la esfinge, y las vírgenes locas, y Sardanápalo í) FBEMÍN. -Los locos son ustedes en escuchar tanto desatino. Victoria es una niña caprichosa y se divierte con esas rarezas Pero ya veremos cómo acaban las. niñerías y los caprichos Eso de tomar la vida como una diversión MAEQÜÉS. Dicen que Alsina ha perdido en Bolsa. D. FBEMÍN. üf! Es natural; no hace más que disparates Se empeña en sostener un alza artificial, contra el sentido común ToMiLLAEES. -Qae son ustedes los bajistas... Cuando digo que es usted un puro símbolo D. FBEMÍN. -Ríanse ustedes Pero á ese paso no hay capital que resista... Y torres más altas TOMILLAEES. ¿No lo sabe usted en verso? Las torres que desprecio al aire fueron, á su gran pesadumbre se rindieron. D. FBEMÍN. -Usted lo toma á broma, como todo; yo no, porque Alsina es muy simpático y muy caballero, y Victoria es encantadora. MAEQÜÉS. 0 h, sí! Una mujer encantadora. TOMILLAEES. -Veo que la ruina no es tan, inminente. JACINTO BENAVBNTE D. FBBMÍN. ¿Por qué? TOMILLAEES. -P orque todavía hablamos bien de estoa señores. D. FEEMÍN. -Y hablaremos siempre Si se arruinan, no es cuenta nuestra ToMioLABES. -Pero será culpa suya, y la pagarán cara. ¡He visto tantos casos! La sociedad humana es democrática por naturaleza, tiende á la igualdad de continuo, y sólo á duras penas tolera que nadie sobresalga sobre la común medianía; para conseguirlo es preciso una fuerza; poder, talento, hermosura, riqueza; alrededor de ella, atemorizados, más que respetuosos, se revuelven los hombres como fieras mal domadas pero al fin el domador cuida de alimentarlas bien, y el poder ofrece destinos, la riqueza convites, el talento sus obras y las fieras parecen amansadas Hasta que un día falta la fuerza, decae el talento, envejece la hermosura, se derrumba el poder, desaparece el dinero y aquel día oh! ya se sabe; la comida más sabrosa de las fieras es el domador. D. FEEMÍN. -Este hombre en el Congreso... TOMILLAEES. -No, D. Fermín, en el Senado. D. FEBMÍN. ¿Qué diferencia? TOMILLAEES. -Porque en el Congreso se vuelven tontos los hombres de talento, y en el Senado ya entran vueltos y yo quisiera haber sido tonto toda mi vida D. FBEMÍN. -Tonto, no. ¿Pero loco? de remate. Talento peor empleado... Por supuesto, madrileño neto