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TEATRO DE LA COMEDIA LA COMIDA DE LAS FIERAS MURMURACIÓN EN TEES ACTOS T UNA AÑADIDURA, ORIGINAL DE D. JACINTO BBNAVENTE u n a familia de las más lir. ajudas ha venido á menos; tan á menos, que tiene que hacer almoneda, lo mismo que el personaje mfixicano que se está ausentandn de Madrid, por no sentarle bien el clima, hace cuatro inviernos. Personas de todas clases y categorías visitan la almoneda, entre ellas un matrinoipnio aristocrático chapado á la antigua y Uii demandidero de unas Hermanitas que va buscando objet) 8 para el- culto, porque en la almoneda ss vende de todo. El demandadero aprovecha la poatión para dar un sahlado piadoso al matrimonio aristocrático, y se va haciendo cruces y mangas parroquiales. Dos muchachas de la cascara amarga y un joven de la cascara de Valle- Inolán, admirador de Chioriao y un si es no es esteta, van en busca de miniaturas del Kenacimiento, y de paso se entregan á la rica murmuración; allí no queda (m nombre sano, y termina el acto primero con el arrastre de unas cuantas reputaciones. Y empieza el acto segundo en casa de lo3 sañores de Alsina, un matrimonio joven, americano, con más dinero que pesa don Martín Esteban; Uonato Jiménez, hombre de gusto que compra los objetos de arte al peso, estatuas de plata al precio de la butifarra y tapises de los güilfos y gib. lÍDOS, le dice á Agapito Cuevas en trozos cavernosos que los señores de Alsina se arruinarán por primos. Una señora gruesa abusa de la hospitalidad de los señores de Alsina, y se dedija con fruición á tomar que 6 Ítos helados, no ati- eviéndcse á guardárselos en! oj bolsillos porque se derriten. Después de la recepción, y en un momento que los de Alsina (Thuillisr y la Cobeña) se quedan solos, rompen en armoniosas frases, prodigándose tan tiernas caricias, que hasta k s quesitos halados se liquidan. Cuevas, al verlos abrazados, no puede menos de declarar que no ha visto nunca en los salones ae Madrid ningún matrimonio capaz de tanto. Alsina le suplica que no cuente lo que ha visto, y Cuevas, que siempre está de tanda, confiesa que aunque lo contara nadie lo creería. Y termina el acto segundo. Y aparecen en el acto tercero los criados de Alsina murmurando de sus señores naturalmente, porque la profecía de Donato Jiménez se ha cumplido: los de Alsina se han arruinado, no quedándoles de su antigaa fortuna más que unos papales sudamericanos que guarda la señjra en un entredós, porque entre tres ya no habría secreto posible. Pero Alsina sabe acallar las murmuraciones de los criados arrojándoles á la cara un billete de cincuenta pesetas previamente falsificado por el guardarropa, billete que se disputan por repartírselo la servidumbre ni más ni menos que si fuera bueno. Termina el acto, y viene la añadidura. Los de Alsina, arruinados, viven en París malamente; hasta entonces no han encontrado buenos los cubiertos de dos pesetas; pero como á buen hambre no hay pan duro, y son felices porque se aman lo mismo que cuando daban tés, nada les importa la maledicencia ni el qué dirán. Se abrazan y cae el telón murmurando. DIBUJOS B E HOJAS L u í s GABALDÓíí