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NEGRO Y BLANCO Parados en el muelle de Orsay, entre el Sena y la fachada principal del Ministerio francés de Negocios Extranjeros Negocios Extranjeros! Cnán significativas y elocuentes resultan ahora estas palabras! están dos personajes puyos modales y palabras, trajes y rostros, forman yÍTÍsimo contraste. Uno de ellos, vestido de blanco, ríe y manotea alegremente; sus ojos vivarachos, un poco enrojecidos por los vapores del buen vino, todo lo ven de color de rosa; aun sin oirle hablar, claramente se ve por sus encogimientos de hombros, sus movimientos de cabeza y toda su mímica expresiva y centrífuga, que se trata de un hombre feliz, contento, simpático y bien humorado. El otro va vestido rigurosamente de negro, y aún resulta alegre su traje comparado con el rostro, amargo y dolorido, enjuto y largo, como si fuera el original de uno de esos letratos del Greco que entristecen todavía más las sacristías, ya dé suyo tristes, de Sevilla y Toledo. En el balanceo melancólico de su cabeza, en el nervioso accionar de sus manos, que ora se elevan al cielo, ora caen desmayadas hacia la tierra, se echa de ver una pena profunda, más negra cuanto más contrasta con la jovial alegría de su interlocutor. Ambos son españoles; no hay duda, porque no sólo hablan el castellano con toda suerte de interjecciones y modismos, sino que hablan de España con hondo cariño, como aun el hombre más ingrato habla dé su patria cuando está lejos de ella. Con otros trajes y en otros lugares y tiempos, diríamos que se trataba de una conversación entre Demócritó y Heráclito; á estas alturas y en sitios tales, no sabemos á punto fijo si son en realidad dos personas ó dos ficciones de la fantasía acalorada, supuesto que aquí sólo la fantasía se acalora. Oigámosles, aprovechando el silencio que reina en el muelle, sólo interrumpido por leves y sospechosos ruidos que se oyen hacia el Ministerio en la parte que corresponde á la sala de los comisionados de la paz. Son ruidos como los que produce la ganzúa del espadista ó la palanqueta del salteador. Pero, vengamos á nuestros personajes. ¡Pobre! jmísera España! exclama el hombre triste y vestido de negro. ¿Pobre España? ¿por qué? responde el hombre alegre y vestido de blanco. ¿Qué le han quitado dé isu cielo? ¿qué de la savia de su tierra morena? Al salir de cuidados, más está de enhorabuena que de pésamp.