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liosa, ni escuchar amores más ingenuamente confesados, ni rendirse mejor ante un rubor que él pintaba tan delicadamente como la flor al abrir sus pétalos para recibir las caricias del sol primaveral. Fiel recuerdo de aquella poderosa creacióD, supo encontrar en la inolvidable Elisa Mendoza Tenorio eco admirable. Fué, después de la Boldún, la Doña Inés más perfecta. Como Rafael Calvo, la Mendoza Tenorio cantaba los versos, daba tal color á la declamación, que en sus labios la estrofa más mediana sonaba á poesía, que tal era su encanto. La Tenorio abandonó la escena y trocó por el aplauso público los Íntimos placeres de un hogar; quedó de ella el recuerdo y la admiración de los qué la escucharon. María Guerrero, que hoy defiende con fortuna ante público extranjero la clásica tradición de nuestro teatro, conquistó en Doña Inés buena parte de su reputación. Son tan recientes sus triunfos en la obra de Zorrilla, que no es menester refrescarlos. Carmen Cobefía en la Comedia es muy aplaudida y celebrada. Tiene una especial delicadeza en el decir, una ini mitable coquetería, y sobre todo, sabe expresar con gran flexibilidad las distintas afecciones que turban aquel tranquilo corazón desde la primera mirada de D. Juan Tenorio. De Luisa Calderón nada hay que decir; basta con recordar que durante muchos afios asoció sus triunfos á los del inolvidable Calvo y. al genial Vico en el teatro Español. En el Nuevo Teatro, donde Sánchez de León cultiva con fortuna el arte dramático, cúmpleme señalar á una actriz muy joven; Matilde Moreno, que á una notable expresión dramática une una juventud briosa y un alma de verdadera artista. Otras Ineses viven en estos días por ésos teatros, pero son Ineses de paso por las que D. Juan seguramente no escalaría las tapias, del convento. LUIS G A B A L D Ó N