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TEEKSA. ¡A. y de mil ¡ay de mí! (Rompe en sollozos convulsivos. AuTONio. Ve usted, Teresa? ¡Si esto no es posible; si va á usted, á matarse I ¿Ño habrá por aquí un frasco con éter? Buscándolo. Vamos, amiga mía, valor, resigna ción, conformidad cristiana. (Toces femeninas fuera: iTeresal I Teresa f) Son sus primas de usted, sus amigas que tanto la quieren. (Abriendo la puerta. Pasen ustedes, pasen ustedes; la pobre está casi desmayada... (La rodean y la abrazan llorando) Si preguntara por mí, díganle ustedes que he ido á cumplir su encargo. A poner la esquela del desgraciado Luis. ¡La más cara... k más grande 1 (Sale Antonio) CUADRO n Gabinete elegante en casa de Teresa. Está vestida de luto. Antonio, de negro también. Ambos sentados en dos butacas muy lindas bastante separadas. TEEESA. -Un año, ¡parece mentira 1 ¿No es cierto, Antonio? Un año justo hoy de mi desgracia. Yo no sé si he vivido ese tiempo, pues para mí ha pasado como si fuese una larga pesadilla. ¡Qué año tan espantoso! ANTONIO. -Ciertamente, Teresa; pero yo que fui el mejor amigo del pobre Luis, yo que, después de usted, soy la persona que mes le quiso en este mundo, yo me TEEBSA. -Mucho, mucho tengo que agradecerle. Una esquela como la del año pasado, pero un poco... un poco más chica. El tamaño siguiente. ¡Como es de aniversario 1 ANTONIO. -Sí, sí, comprendido. En cuanto á redacción, y salvo las naturales diferencias, la misma, ¿no es eso? El señor etc falleció etc Sa inconsolable viuda etc. TEEBSA. -Sí, la misma; pero creo que en la de aniversario se pone, generalmente, su desconsolada viuda En fin, lo que usted guste ANTONIO (galantemente) -Oreo haber notado lo mif mo. (Levantándose. Corro á cumplir su encargo. TKEKSA (alargándole la mano) -Tan pronto CÜADKO TERCERO Y EPÍLOGO El mismo gabinete del cuadro anterior. Teresa vestida de gris claro. Antonio, de color también. Ambos sentados en dos butacas muy lindas bastante juntas. Dialogan rápidamente y en voz baja. Sa pasado otro año. TERESA. -No, no hablemos hoy de eso; hoy no. ANTONIO. ¿Por qué no? ¿Puede ofender á alguno nuestro cariño? TEEBSA (solemnemente) -Es el segundo aniversario del pobre Luis. ANTONIO. -Seremos dos para rendir culto á su querida memoria. m l atrevo á decirle que, sin olvidar tan santa memoria, piense usted un poco en sí misma. La vida nos manda vivir; es una dura ley á la cual debemos obediencia. No le aconsejo á usted diversiones ruidosas, pero sí que quebrante usted esta cárcel y deje entrar en su alma, llena de tinieblas dé muerte, un suave rayo de sol. TERESA; (con triste coquetería) -Estoy muy delgada y muy muy fea, ¿verdad? AsTONio. Delgada, sí; fea ¡por Dios, Teresa! Antes diría que la palidez presta á su rostro de usted nuevos encantos, que el dolor la... TiEKSA. -Calle usted, Antonio, se lo suplico. En todo caso, sera que me favorezca el luto. Pues sí, amigo mío, mis primas se empeñan en llevarme á paseo en su coche. Yo, por no disgustarlas, obedezco algunas veces, pocas, y vamos á la Casa, de Campo. Qué hermoso es el paseo dé plátanos! (Como contemplándolo. ¿No va usted por allí? ANTONIO. -Sí, algunas tardes voy por allí á caballo. TEBBSA. -Me pareció verle hace unos días. (Cambiando de tono. ¡Y cómo le agradezco á usted esta triste visita de aniversario! Hablando con usted, me parece que el pobre Luis está presente. ¡Ya ye usted qué cosa tan rara! Y sin embargo, así me sucede. Yo tenía que renovar á usted mi petición del año pasado. La de la esquela mortuoria. ANTONIO. -Bien sabe usted que dispone de mí en absoluto. DIBUJOS DK MÉNDEZ BiaNGA TEEBSA. -No, hoy no puedo escucharte. (Corrigiéndose. No puedo escuchar á usted. Le ruego que me deje sola. ANTONIO (resentido) -Grande es la crueldad de usted; pero ¿qué remedio? obedezco. TEEBSA. -No, no se marche usted, tenemos que hablar aún de ANTONIO. -De mi -ir -t i i TEEESA. -De la esquela. Un poco más chica que la del año anterior como de segundo aniversario el tamaño siguiente. ¿No te parece, no le parece á usted? Y su afligida viuda como de segundo aniversario Vaya usted, vaya usted en seguida; no la van á admitir, es muy tarde. Y venga usted mañana para ¡para ajustar cuentas 1 EPÍLOGO (Ü N A S O D K S P U É S) Teresa en su gabinete escribiendo febrilmente. Lo que hicimos ayer no tiene nombre, Antonio. Estoy avergonzada, estoy muerta Hablando toda la tarde de nuestro inmenso cariño, de nuestra próxima felicidad, nos olvidamos. Dios mío (yo no tenía otra cosa en la memoria) de que era el tercer aniversario de nuestro pobre Luis, ¡y no pusimos la esquela! Lloro, me desespero, quisiera morirme. Compadéceme. Ven en seguida. -Teresa. P. D. Recibido el vestido de boda. ¡Preciosísimo! Telón rápido. JOSÉ DE ROURE