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es natural, rechacé. Llegamos al cabo de media hora al cementerio. Las campanas voltearon, dándonos el alto como avanzados centinelas, y en la puerta encontramos á los cargadores, que tomaron á hombros la caja y la entraron en! a capilla; el sacerdote rez 6 un responso. Salimos, y después de una verdadera peregrinación saltando zanjas y atravesando patios y cuarteles, al final, cerca de la tapia, encontramos el hu. co. El cochero, suponiendo que yo debía ser cosa de la familia, me entregó la llave de la caja, y la abrí; quise satisfacer la curiosidad de saber, por lo menos á quién había acompasado; abrí la c ja. y pude ver al cadáver de un. joven; el reposo y la tranquilidad que se adverían en su simpática fisonomía me dio á entender que su muerte fué justa, serena. Había en la conformidad de sus facciones y en el plegado de sus labios una resignación cristiana. Sentí en aquel momento pena muy honda. No sé por qué maldecía a l a casualidad, que antes no me hizo conocer á aquel desdichado joven. Hubiéramos sido muy amigos, pero la muerte tomó á su cargo la presentación. S fael Martin decía la papeleta de inscripción; vo la guardó como valiosísima reliquia en mi cartera, al mismo tiempo que depositaba una tarjeta mía en el ataúd. Esa fué núestra presentación, nuestro conocimiento. Miró en derredor mío; en todas las tumbas la mano de la mujer amada ó de la madre habían cuidado de las flores que festoneaban la lápida. Mi pobre amigo no tendría seguramente esa ventura. Allí quedó bajo la tierra que cala duramente del azadón del sepulturero, sin más recuerdo que el mío, que siempre viviría en mi, y sin otro homenaje que unas pobres flores que yo corté y que cayeron envueltas entre los terrones de la tierra que, avara como nadie, dábase mucha prisa en cobijar en sus I entrañas. Por no sé qué misteriosa asociación de ideas, en los días plomizos de lluvia, en mi despacho, asalto con la imaginación las tapias, del cementerio y tengo siempre un pensamiento y una oración para mi nuevo amigo. LUIS G A B A L D Ó N DIBUJOS DE P A L A O