Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
TEATRO DE LA VIDA LAS ABEJAS, Ó M Í O CAEN LAS HOJAS, Jardín de un hotel en la Castellana. Luisa, sentada en una silla rústica al pie de la escalinata del hotel, mira fijamente, pero sin verlo, un macizo de criiantemas. Medita indudablemente. Es una preciosa muchacha, ó mejor dicho, una precinta señora, pues hace ocho meses, día por dia, que se casó. Las sendas del jardín empiezan á cuhrú se de hojas secas. Tarde templada de otoño. B N E I Q Ü B (bajando por la es- en u n s u e ñ o! No quiero empezar á despertar. No vayas hoy, n o m e dejes hoy por la primera vez. Mañana, m a ñ a n a E EiQUB (frunciendo bastante las cejas) -Pero ¿por qué? L U I S A (casi llorando) -Fox todo, p o r nada, ¡porque caen las hojas I ¡Poique h a n empezado á caer las hojas, porque teiígo miedo, mucho miedo! E N E I Q U E (sin compadecerse, calinata del hotel, vestido de calle, y con sombrero) Luisal ¡Luisillal IJUISA como despertando) -LUiSA E n r i q u e aquí estoy. A h! ¿Vas á salir? E N E I Q U B (algo nervioso) -Sí, y a sabes. Voy a l Club; tengo que ir al Club para t e i m i n a r aquel asunto de la compra del caballo Hace lo menos tres días que debía haber ido, pues según m e dijo anoche Octavio, q u e h a sido el mediador, e n casa d e mamá, me dijo- -me parece que lo o i s t e- -q u e el conde se cansaba de esperar, y ó cerraba el trato e n seguida conmigo, ó se lo vendía á otro, al primero que llegara. Sería u n a verdadera lástima, porque es u n animal (me refiero al caballo) hermosísimo, de u n pelo raro, y... IJVISA (tristemente) -Separarnos i aparentemente al menos) ¿Y n o caerán m a ñ a n a también? Comprende, Luisa d e m i alma, q u e esos miedos tuyos son completamente quiméricos. ¿Miedo á que? ENEIQUE ¿Hay n i puede haber en la tierra nada que m e haga olvidarte u n momento, u n segundo? Si yo cediese á esos miedos tuyos, sería reconocerles; realidad... No, no; sé razonable. Nuestro amor, nuestro cariño inmenso está muy por encima de todo; ¿qué tiene que ver con él que comience la caída d e las hojas? ¿qué; sombra puede proyectarle el q u e y o vaya esta tarde al Club? L U I S A (secajwewfe) ¿Luego vas? ETSBICÍUB (decidido) -Luego Yoy. E N E I Q O E (riéndose) Separarnos! Vaya u n a frase trágica 1 u n a horaj dos horas á lo sumo, tres horas todo lo más... L U I S A -Ó cuatro, ó cinco; ¡quién sabe! E N E I Q Ü B -i o exageres, vidita, m o á i n a L U I S A -I Y separarnos p o r p r i m e r a vez! E N E I Q U B O J a r o ¡Pero tú, fíjate! L U I S A -I Y por u n caballo! ENEICÍÜB (después de un movimiento de disgusto) -So, si n o es por el caballo precisamente, sino porque á ti te gustó mucho, ¿te acuerdas? ¿De quién partió la idea de comprarlo m á s que de ti? Pues por eso quiero y o que n o m e lo quiten. Y claro está, el conde se cansa de que n ó formalicemos el asunto; Octavio, que p o r encargo mío, que por encargo nuestro Mzo las proposiciones, m e d á prisa; y yo... y yo... L U I S A -I Y t ú vas h o y al Club por la primera vez desde que n o s casamos! Al Club que frecuentabas d e soltero, q u e e r a cómo tu segunda casa... ¡Jesús, q u é miedo m e d a! (Apasionadamente) Mita, Enrique, lo confieso: n o t e n d r é razón, pero con toda m i alma t e suplico que no vayas hoy al Club, que n o m e dejes sola esta t a r d e Sí, niñer í a s simplezas, nervios, lo q u e gustes. Pero hoy no; mañana... Escríbele al onde, escribe á Octa 10 q u e estás enfermo, cjue estoy enferma yo. Anda, E n r i q u e de m i vida, sé b u e n o ¡tú eres m u y b u e n o! ¡Hemos sido t a n fe- lices! ¡somos t a n felices! ¡Como BL JAEDINUBO L U I S A Cí arTOoVea ¡Vete, p u e s! Adiós. EsniQüE (resentido por la fría despedida de Luisa) ¿kaif Lxjis A. Aeíi (Dando un grito terrible) ¡Ahí BiíEiftüB (asustado) -íQ, né es eso? ¡Luisa, bien mío! Di... L U I S A (levantándose aterrada como para huir, y señalando su cuello) Aquí, a q u í! E N E I Q U B (tratando de cogerla en sus brazos) Pero di ya, por Dios, qué e s! L U I S A -N o sé, Enrique mío. Aquí, aquí! BNEIQÜB (viendo cerca del blanquísimo cuello de Luisa volar una abeja) -Una abeja; es u n a abeja, alma mía. No te asustes. E s p e r a la mataremos. ¡Ah traidora! Sacudiéndola wn golpe rápido con el pañuelo) Y a cayó; mírala; No t e h a picado, ¿verdad que no? ¿La matamos? (Poniéndola el pie encima. ¡Muerta! L U I S A (desplomándose desfallecida en- sus brazos) Ay ¡ayl E N E I Q U B -E s t á s pálida, estás helada, mujercita mía, pobre alma de mi alma. ¿No t e h a picado, verdad? (Macándole el cuello. No, n o n o se nota n a d a n o llegó á picarte ¡la infame ¡Claro, t e tomaría por u ñ a flor Tú t e asustaste... l a s flores os asustáis e n seguida. Pero por Dios, Luisa, m e d a s miedo; tranquilízate, n o í u é nada, ya pasó LUISA (llorando) ¡M- amá de mi vida! B N E Í Q Ú E -V a y a vaya, tontuela, chiquilla mía, manojito de nervios, vuelve en, ti, cálmate. (Besándola en el cuello. íe curaré como á los niños pequeñines: u n beso para que s e quité el mal, otro beso p a r a q u e no vuelva á doler, ó t r o b e s o para que rabie la abeja muerta, y otro porque m e d a la gana XA M A E Q U E S A