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(SO J eC c e De la Cibeles. Leyó la pobre yo no sé cuándo, yo n o sé dónde, que en P a r í s hacen los automóviles grandes progresos, grandes furores, y a n d a n á miles, casi á millones, unos despacio y otros veloces, por todas partes de Sur á Norte, de Oeste á Este, de día y noche, y como al cabo la donna é móvile gual piuma al vento, preocupóse la pobre diosa con esos coches t a n elegantes, t a n coquetones, t a n celebrados, t a n tentadores, y casi casi la m i s m a noche que esto leía, yo n o sé dónde, dándolo vueltas, soñó la pobre (pues también suelen soñar los dioses) que su carroza de airoso corte no era de piedra, que sus leones no la arrastraban, 1 que era automóvil! Y ya, soñando, soñando, vióse por esas calles corre que corre, siendo la envidia, siendo el disloque de las mujeres y de los hombres, que parecían bobalicones. Pero ¡oh desgracia, desgracia e n o r m e! Cuando más pisto, cuando m á s pote íbase dando con su automóvil, frente á la Playa de las de Gómez, que estaba llena de bote en bote por ser domingo, falló u n resorte, rompióse el freno. S iS B eaA. y el carricoche como u n a flecha precipitóse sobre las sillas, haciendo horrores. Siguió su marcha, derribó u n poste, volcó u n carruaje, malhirió u n joven que en u n caballo venía al trote; tiró tres pinos, cuatro faroles, m a t ó á seis guindas y á seis del Orden, mientras la diosa decía á voces: ¡Socorro! ¡auxilio! y el armatoste, ale que ale, corre que corre, pegando tumbos y volquetones. E n uno de ellos fué de rebote la diosa á tierra, y aunque en el golpe sufrió lo menos cien contusiones y ni u n a muela quedóla incólume, tuvo u n a suerte de primer orden, pues contra el Banco fué á dar el choque y á hacerse astillas el automóvil. L a detuvieron dos polizontes, y h a s t a los que antes la echaban ¡olesI y la colmaron de aclamaciones, ahora gritaban: ¡Que la agarroten! ¡Muera la diosa! y otros horrores. ¡Ya aquí faltamos h a s t a á los dioses! Sobresaltada volvió la pobre; de sus ensueños desperezóse, y al verse libre de tales trotes en su carroza con sus leones. Juró olvidarse del automóvil. BL SASTRE DEL CAMPILLO i u r A -Á A. él 1 2 (é i Mí r f v