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-jsmiñti- Av, -iáK aii LA SOLUCIÓN DEL ALCALDE Los fundadores de Villaperdida debieron de ser gente cerril y de escaso entendimiento, porque establecieron sus primeras casas á la orilla de un barranco, seco y arenoso en verano y tan temible en invierno, que sus intermitentes avenidas ponían en grave riesgo la vida de aquellos infelices moradores, lo cual no fué obstáculo para que junto al barranco se construyeran más casas, hasta que todo un pueblo numeroso se agrupó y se hacinó alrededor de aquel surco que sólo podía ofrecerles la ruina, ó la muerte. A raíz de cada desbordamiento del barranco, los afligidos vecinos, llenos de consternación y de amargura, imploraban la caridad de los poderes públicos, y entonces juraban que habían de ser previsores y remediar el daño y poner coto al barranco y edificar en otro sitio; y en tanto que esto afirmaban, iban dando suspiros y derramando lágrimas, éste por el padre, aquél por el hijo y á pesar de todo ello, cuando recibían los donativos y trataban de reconstruir el pueblo, volvían á edificarle á las mismas orillas del barranco. Al fin un alcalde bien intencionado se propuso remediar tanta desdicha, y convocó á los mayores contribuyentes á una reunión, para que en ella propusieran los medios de atajar el peligro, y en casa de aqueEa autoridad se congregaron, llevando cada uno de antemano su esbozo de proyecto. Habló el alcalde; expuso la cuestión; concedió la palabra á sus convecinos, y entonces lo que se vio patente, más que lasbuenas intenciones, fueron los graves defectos de aquellos desgraciados. La vanidad, la envidia, la testarudez, la ignorancia, la presunción y la rutina hablaron por la boca de aquellos hombres, que antes parecían locos que seres racionales. Con todos estos defectos, propios de la raza, ejercían su influjo las rivalidades y los pequeños rencores de ca, mpanario, y estas menudencias, anteponiéndose al instinto de conservación, fueron causa de que no pudieran llegar á un acuerdo. El boticario, que quería ser el sabio del pueblo, opinaba que debía hacerse un muro de contención; pero el médico, que también tenía pujos de Merlín, sostenía que habría de ser más barata la desviación del barranco; en fin, cada vecino expuso su proyecto, y los que no opinaron nada se adhirieron á la opinión de sus amigos, refutando la de los contrarios sólo por el hecho de serlo, y de aquí provino tal confusión, tal algarabía, tal desconcierto, que pasaron de las voces al grito, del grito al insulto, del insulto al palo, y terminó la reunión como el célebre Eosario. de la Aurora. A los pocos días el barranco, engrosado repentinamente por las lluvias, invadió con ferocidad terrible las miserables casas de Villaperdida, y en tanto que las aguas inundaban los edificios, que desplomados caían al bravo impulso del feroz elemento; en tanto que á los silbidos del viento y al tableteo del trueno se unían los ayes lastimeros de las víctimas, mientras aquel horror sangriento arrancaba la población de cuajo, mezclando sus cadáveres, el alcalde en la cumbre de un cerro próximo, mirando el desastre, aplaudía formidablemente y exclamaba: ¡Esa es la solución: hombres nuevos y pueblo nuevo I ¡La gente insensata debe morir I DIBUJOS DE M PENA RAFAEL TOEEOMÉ V j 4 I -I- íf -f