Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
GlORIAS DE LA CIENCIA ESPAÑOLA Jiménez de la Espada Cuando la prensa de estos días últimos daba cuenta del fallecimiento del ilustre americanista, eran pocos los que conocían el nombre de Jiménez de la Espada. Y esto que era triste, ofrecía una consecuencia aún más desconsoladora. Todavía resultaban menos en número los que han leído, ó siquiera hojeado, las eruditas producciones del sabio. Su primer libro fué el de Conoscimiento de todos los reynos é señoríos que son por él mundo; en el mismo año dio á luz la Tercera parte de las guerras civiles del Perú; formó parte de la Sociedad Geográfica Española, siendo uno de sus primeros fundadores; representó á España en el tercer Congreso de americanistas qn se celebró en Bruselas. La Academia de la Historia, en premio á sus muchos y excelentes servicios, le distinguió haciéndole uno de sus miembros. Asistió al Congreso americanista que se celebró en París. El conde de Toreno fué él Mesías de Jiménez Espada. Prestó á todos sus trabajos un extraordinario interés, alentóle en sus empresa? y debido á él, el sabio que hoy lloran academias y sociedades pudó madurar y desarrollar su vasto plan científico. Gracias á la protección del conde de Toreno pudo publicar las Tres relacionas de antigüedades peruanas, que escribieron en el siglo XVI el licenciado Femando de Santillán y Juan de Santa Cruz. Esta obra, una de las más importantes por él publicadas, no fué extraña á la afinidad de relaciones entre los congresistas españoles y los dé Bruselas. Formó parte dé numerosas comisiones científicas, y en todas ellas dejó un nombre tan respetado y tan ilustre, que si pobre y miserable ha muerto, basta su apellido para llenar de gloria á una familia. Éí doctor Castro Las operaciones últimamente practicadas con exquisita fortuna por el doctor Castro, han elevado su crédito, firmemente adquirido, á la más prestigiosa altura. Toda la prensa há tenido para el eminente doctor Castro elogios y frases de merecida justicia. Nosotros honramos hoy nuestra Revista publicando el retrato de tan ilustre médico, que ha colocado ien la brillante página de ía ciencia médica un nombre español. Por prescripción facultativa, una señorita inglesa, deispués de visitada por los mejores doctores de su país, dirigióse á Berlín en unión de su padre para asesorarse del doctor Bergman. El famoso doctor alemán estudió el mal, principio de un aneurisma en la carótida izquierda. Con algunos tratamientos paliativos preparó el doctor alemán á la joven inglesa para proceder luego á la operación, que presentaba caracteres dliScilísimos. En aquellos días el doctor Thompson, primer doctor que visitó á la inglesa, leyó en un periódico profesional que el doctor Castro acababa de hacer con éxito una análoga operación. Inmediatamente el doctor Thompson puso en conocimiento del padre de la paciente la noticia, y se encaminaron á Madrid con la ilusión y la esperanza consiguientes. El doctor Castro examinó á la enferma, preparó la operación, y eii menos de nueve minutos la terminó brillantemente. La escena que siguió fué de verdadera emoción. Los médicos que asistieron quedaron asombrados de la maravilla realizada. El padre y la enferma se confundieron en abrazos; la alegría que entraba con una nueva vida, las ilusiones realizadas, todo vuelto á su primitivo ser gracias al habilidísimo operador, que con su ciencia arrebató á la muerte una vida y una vida esplendió de juventud.