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Visita á un Circulo: Dos novillos de loe lidiados en la última capea verificada en Sanlúcar la Mayor (Sevilla) penetraron en el Casino Sanluquefio, produciendo entre los socios el pánico consiguiente, y abandonaron el local luego de haber proporcionado multitud de sustos. Viendo pasar el tranvía eléctrico: -Fernández, si le atrepella á usted uno de esos coches, no puede decir que el conductor no le avisaba la desgracia. ¿Por qué, Rodríguez? Porque va tocando la campanilla del Viático. A pesar de los pesares, aún no se ha decidido en Érancia la revisión del proceso Dreyfus, pero en cambio ya le están embargando los muebles á Zola. Francia se ha empeñado en que su ilustre hijo esté siempre en pie. Llegó á Madrid hace pocos días el general Angustia, y no le esperaba casi nadie en la estación. El recibimiento, según todos los periódicos, fué muy frío. Pero el general se había adelantar do á los acontecimientos lo mismo que en Manila. El suceso no tiene nada de extraordinario. Esos novillos visitarían el Casino buscando, naturalmente, unas vaquitas. Y asustaron á los socios, que probablemente las estarían haciendo. Inconvenientes de no anunciar su visita á los Círculos. Como acostumbran á realizar muy cuerdamente los novillos déla policial Leo, y rectifico: Al partir anteanoche de la esta ción del ferrocarril de Belalcázar (línea de Badajoz) un tren donde iba custodiado un preso por una pareja de la Guardia civil, so pretexto de ejecutar una necesidad se asomó el penado á la ventanilla, arrojándose por ella. Porque segán esos colegas, traía como abrigo de viaje un gabán de pieles. I íiuego diremos que nuestros hombres de armas no son previsores! En Santander un personaje mistej ioso, ó artista en cabello por vo- ación, corta las trenzas á las niñas que van descuidadamente por las cailes. Le embargan las sillas y las butacas de su casa. Le niegan tercamente el sillón de la Academia. Y gracias que alguna vez le permiten sentarse en el banquillo de los acusados. El Circo de Price, lleno de bote en bote. Cae el telón para el primer entreacto. Todos los espectadores sacan sus petacas y sus cajas de fósforos. Invade el teatro una densa humareda. La policía santanderina no puede dar con él. Y, sin embargo, todos sabemos cómo se llama ese personaje misterioso: Manolito Gázquez. Mientras la policía le busca inútilmente, él está trenza que trenza Ño veo el pretexto. El penado ejecutaba realmente una necesidad de los presos. La de escaparse. Suenan los timbres, caen al suelo las colillas encendidas y humeantes, y sigue la representación de Jitgar eon fuego.