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la mano, seduce á su víctima; aeducción fácil, porque ¿qué hombre no se sugestiona oyéndose decir ojitos de iailaor, carita de enamorao, corazoncito de gavilánf Y naturalmente, ¿quién es el que no conoce una rubia ó una morena muerta por los indignos pedazos de su persona? ¿Qué hombre, por poco vanidoso que sea, no se pone más hueco que una caña al saber que hay una caohigordita que se muere por los forros y las entretelas de un servidorcito? Para la gente de nivel inferior tienen la baraja, la famosa combinación de los naipes; en cada una de ellas va na sentencia que se ha de cumplir fatalmente, y lo mismo es ponerle una moneda de plata en la mano, que le dicen á uno tres cosas que le van á pasar, y lo que pasa es que se queda sin la peseta, lo cual ya está dentro de las tres cosas. Las gitanas hacen gran estrago en las almas sensibles y enamoradas; venden la raíz del amor, unos polvitos misteriosos para que las mujeres se vuelvan locas, en el buen sentido de la palabra; le adivinan á uno el número de la lotería que le va á caer, y otras cosas verdaderamente maravillosas. i Así como los murguistas (y no diremos murguistas porque pueden resentirse en su decoro; llamémosles profesores al aire libre) llevan cuiS dadosa mente re gistrado j t o d o el santoral UN ALTO EN EL PUBSTE del barrio, donde amenazan con frecuencia las noches y los días, y se dejan caer en todas las inauguraciones de tiendas, así también los gitanos se saben de memoria todas las ferias que se celebran en España. Por eso en vísperas se les ve caer sobre ios pueblos con toda su impedimenta; vienen por la polvorienta carretera, las mujeres sobre las caballerías, con los churumbeles en los serones como si fueran cántaros, y los gitanos avivando al ganado con la vara de fresno, mirando á los lados del camino por si hay algún caballejo pastando en libertad y está ausente su dueño; y en ese caso, el caballo, muía ó lo que fuere, pasa á formar parte de la comisión, y entra en el mismo pueblo de donde es natural, vamos al decir, tan transformado, que no lo conoce ni la yegua que lo engendró DETBAS DE LA BUENAVENTURA ni el amo que lo sacó de potro. Y basta de gitanerías. Gitano quisiera ser para leer en la rayita de la mano de Montero Ríos la buenaventura de la comisión de París. Aunque ya llevan Buenaventura Abarzuza. r LUIS BisrJOS DI HÜKR TAS Y FOTOGBAFÍAS DE LÓPEZ DEL ARCO GABALDÓN í. X LO MEJOR DE LA TRIBU