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UNA BUENA COMPKA LOS GITANOS La llegada del coche donde íbamos produjo gran asombro en el barrio gitano; loa churumbeles, tostadoa por el sol, greñas al aire trepando por la desordenada cabeza, y los dientes blancos como el teclado de un piano, se subieron en el estribo; detrás venían las gitar ñas, extendida la mano, incitándonos á I la buenaventura; en el ribazo del río Manzanares, tumbados caxa al aol, el sombrero muy inclinado sobre la cara y las manos cruzadas bajo la cabeza como almohada, los hombres mirando con cierta indiferencia nuestra llegada; el caballo, que á duras penas y muy contra su voluntad tiraba del coche, bien pronto fué puesto en feria por la tribu. Uno de los gitanos se ofreció al cochero para un cambio; quedaría como nuevo, y en su vida había llevado un simón un jaco como él iba á arreglarle, braceando más que un músico mayor, con un paao mejor que el de la cofradía. Pero ni por esas; mi cochero, que era gallego, y por lo tanto casi más gitano, hizo oídos de mercader, diciendo que estaba muy á gusto con el penco, y que para él era tanto como una persona de su familia. El gitano insistió en que vaya por Dios! que era una lástima; aquel CBEKANDo EL TEATO animalitonece 9 Ítabaunpoco de academia.