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LOS SOLDADOS NEGROS Son una de las notas más simpáticas y consoladoras de esta tristísima repatriación. Representan una fidelidad y un cariño á España que resultan asombrosos é inconcebibles después de los mil ejemplos que d? lo contrario ha recibido la nación en las dos Antillas. Si al soldado peninsular, anémico y valetudinario, lo recibimos con los brazos abiertos, al soldado de color hay que saludarle con respeto profundísimo, Ueve ó no lleve en el pecho la cruz laureada que ostenta en el suyo el famoso sargento mulato llegado á Madrid no hace muchos días. La repatriación, que para nosotros es triste, para ellos es heroica, porque representa la pérdida de sus hábitos, de sus costumbres, del aire y de la tierra natales; es la familia sacrificada por la patria, la nostalgia eterna del terruño sufrida voluntariamente junto á la bandera. Aun siguiendo banderas victoriosas con la apoteosis del triunfo y la esperanza del botín, sería meritoria la acción de los voluntarios de otra raza; pero esta fidelidad después del vencimiento excede á toda admiración y á todo encomio. Fácilmente pudieron seguir la socorrida máxima de arrimarse al sol que más caliente, y entrando en el campamento de los yanquis, pasar ante sus ojos no como soldados desertores, sino como siervos redimidos. A la seguridad del buen trato y de la protección de una nación fuerte, que por añadidura se dice redentora de los cubanos, prefirieron estos leales soldados de color las angustias de la prisión en el encharcado campamento de Santiago, las molestias sin fin del viaje á la Península y las incertidumbres de un porvenir que en modo alguno tienen asegurado. Éor gratitud, por justicia y por decoro nacional se hace preciso tomar medidas de protección para estos soldados negros, modelos de lealtad y de disciplina. Porque no hay soldado peninsular que, por solo y abandonado que se encuentre, no tenga en algún rincón de España una casa familiar ó un hogar amigo, mientras que los pobres soldados negros, perdidos en ciudades desconocidas, son víctimas seguras de la gente maleante, y cuando menos objeto de iinpertinente curiosidad. Díjose al principio que estos individuos del Ejército, cuyos batallones, por no pertenecer á la Península, quedaban disueltos con la repatriación, ¿erían enviados por cuenta del Estado á los puntos, de residencia que quisieran elegir; se habló más tarde de la creación de un regimiento de color para la guarnición de alguna de nuestras plazas de África. Confiamos en que lo que no haga el Estado lo harán las corporaciones y los particulares, aunque sólo sea por conservar en el alma de estos leales hijos de Cuba su fe en la justicia y en la bondad de Espafia. Por nuestro taller fotográfico han desfilado algunos de estos heroicos soldados, que con sublime sencillez refieren los episodios de la guerra. Como hijos del país y conocedores del terreno, han peleado siempre en primera fila y desempefiado las comisiones de mayor peligro. 4