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Las chicas alborotaron la vecindad, y no pararon hasta Modesta era tan mañosa, que todo se lo encontraba conseguir que los sesenta duros fueran repartidos á par- hecho. tes iguales. Un día que fué Isidorito á verlas por la mañana, le dijo Luisa, con sus veinte duros se compró un vestido de Luisa: sedalina morada, que adornado con unos terciopelitos- ¿No sabe usted que mi hermana ha hecho una negros y qué sé yo qué, resultó elegantísimo. compra? Aurora abonó tres butacas del callejón en el teatro de- -Ya lo sé, dijo Isidoro. la Zarzuela, como quien sabía dónde se colocaba. Modes- ¿Qué es lo que sabe usted? dijo Modesta encendida ta se guardó su dinero, y una noche, mientras las chicas, de cólera. como decía ella, salieron al teatro, salió ella con la criada, -I Ahí dijo entonces Isidoro poniéndose morado; creí una criada de treinta afios de servicios en la casa y á que me decían ustedes otra cosa. quien desde niña llamaban la chacha, y volvió al poco Luisa y Aurora se miraron. rato con dos gallegos que traían una gran caja demadera, -Pues sí, señor, dijo Aurora; ha comprado mi hermaque llevaron al cuarto de Modesta. na un bicho que está encerrado en un cajón de madera Las chicas volvieron del teatro á las doce y media, tan y no se puede ver. contentas, tan satisfechas... El vestido de Luisa había D e b e ser un animalucho raro, dijo Luisa. hecho furor habían dicho á todos sus amigos y amigas Y se reían como unas bobas. que se habían abonado. D. Ambrosio venía echando pesIsidoro cambió de conversación. tes de la Zarzuela. ¿Saben ustedes que se casa el vizconde? ¿Qué tienes ahí? dijo Luisa reparando en el cajón Aurora se puso pálida. que había traído Modesta. -I No puede ser I exclamó. -ÍNada, respondió la hermana pequeña tapándolo con- -I Vaya si puede ser I Como que acabo de oir la priel cuerpo. mera amonestación en la iglesia de San Luis. ¿A ver, á ver qué has comprado? dijo Aurorita. ¡Títere! murmuró Aurora. ¡Nada! ¿Qué os importa? Y se marchó á su cuarto. Ay, qué hurón 1 Apuesto á que es alguna tontería. -La verdad es, dijo Luisa entonces, que no tenía nin- -Serán libros guna necesidad viejos. dé haber hecho- -Algún recreer á mi hertablo. mana; A u r o r a- ¿Es un orgaque estaba enanillo? morado de ella. -Vamos, no D. Ambrosio, seas simple, enque oía la conséñanos tu, comversación, echó pra. un sermón diM o d e s t a se ciendo que sus reía y no enseñados hijas mayoba lo que había res e r a n unas dentro de la caja; simples, que se no hubo medio creían t o d o lo de descubrir el que les decían secreto. los hombres, y que D. Ambrosio aseguraba q u e En e s t e mosería algún regamento ejatró la lo para él, que chacha y dijo: cumplía sesenta- -Ahí viene la y cinco años dencriada del cuarto tro de pocos p r i n c i p a l que días. quiere hablar Las chicas, con ustedes. con sus trapos y- ¿Con nossus p r o y e c t o s otros? dijo don para el día siAmbrosio. guiente, no vol- -Eso dice. vieron á ocupar- -Llame usted se del tapujo. á mi hija Aurora Se durmieron y recibiremos tosoñando con un dos á esa criada. batallón de noV i n o Aurora vios, y se despertai llorando. tar á la hermana pc ULiij. ¿Qué tienes? Porque, eso sí, se reían de ella la criticale dijo su padre. ban su reclusión voluntaria, pero le exigían que las pei- Nada, que me he pinchado. nase, que les diera t í plan de un vestido, que les colocara- -No seirá de coser, dijo Modesta sonriendo. las flores en la cabeza ó en el pelo. -No, porque no soy tan cursi como tú.