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Eran tres hermanas: las tres bonitas, las tres discretas y las tres pobres. El padre se llamaba D. Ambrosio, y era cesante desde el 29 de Septiembre del 68. Podía vivir con comodidad, porque había ahorrado un poco; pero las niñas no tenían dote. Una niña sin dote es un punto negro en la sociedad moderna, porque la sociedad moderna es positivista. Las tres niñas de D. Ambrosio esperaban, sin embargo, casarse con un millonario cada una. La vida que hacían era, según ellas creían, la más á propósito. Era una vida, sin embargo, que á D. Ambrosio le traía á mal traer, porque el pobre no podía con el gasto que traía consigo. Porque las niñas, ó por mejor decir dos de ellas, Luisa y Aurora, no perdonaban diversión ni turno preferido el día de moda. Iban á paseo todos los días, al teatro todas las noches, de cuando en cuando á un té, de cuando en cuando á un baile Modesta, no. Modesta, que era la más pequeña y la más bonita, parecía la más vieja de todas por su carácter. ¿Pero te educas para monja? le decían sus dos hermanas. -Dejadme estar, que yo sé lo que me hago. Y la dejaban y se marchaban todas las noches al teatro Eeal, ó al Español, ó á la Zarzuela. D. Ambrosio ¡es claro I hacía veces de mamá, porque era viudo y las niñas no habían de ir solas. También iba con ellas Isidoro, un pobre chico empleado con diez mil reales en un ministerio, y que solía e rarse, como se suele decir, siempre que la familia tenía un palco ó un coche alquilado para paseo. -Isidoro es un buen chico, decía D. Ambrosio; tiene porvenir- ¿Porvenir? añadía Aurora. Yo le he visto cesante tres veces en cuatro años. -En cambio, observaba D. Ambrosio, tiene muchos oficios; porque además de su sueldo, gana cinco mil reales como administrador de una casa de la calle de la Lechuga, y cuatro mil que viene á sacar de comisión vendiendo vinos de Jerez Qué! si el Isidorito es una hormiga 1 Y era verdad. Isidoro era una hormiguita. No había medio de que convidase nunca á las niñas al café ni las comprara un cartucho de caramelos. Cuando iba al teatro, acudia cuando se empezaba el segundo acto, por no verse en el compromiso de tomar las entradas. Dejaba que D. Ambrosio comprase La Correspondencia para pedírsela prestada, y luego se quedaba con ella, y al cabo de tres meses las vendía al peso y se ganaba tres pesetillas. Pues señor, como digo de mi cuento, las chicas se ponían muy tiernas cuando las miraban los gomosos, como dicen ahora. Ea la casa eran presentados muchos de ellos; las niñas se trataban con lo mejor de la corte. Y Modestita siempre muy seria y siempre en casa. Un día D. Ambrosio ganó sesenta duros á la lotería.