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irnrTi- rv. mMnin. -1- m r r vT. n rna- El fallecimiento de la Excma. Sra. Doña Remedios Chacón, esposa que fué del importante hombre público conde de San Luis, ha evocado recuerdos de aquella época célebre del moderantismo en que dominó la fracción conocida en la historia política por la de los jjoíacos. De ésta fué jefe el conde de San Luis, que ocupó en 1853 la Presidencia del Consejo de Ministros, otorgando á D. Agustín Esteban CoUantes la cartera de Fomento, á Castro y Orozco la de Gracia y Justicia, á Domenech la de Hacienda, al general Bíasser la de Guerra, y á Eoca de Togores, después marqués de Molins, la de Marina. Este Ministerio fué desde su constitución muy combatido tenía enfrente á los. generales influyentes, que no querían que W hombre civil estuviese al frente del gobierno de la nación, y el conde de San Luis era combatido con las mismas armas que él empleó para desprestigiar á Bravo Murillo. Tres tertulias había por entonces en Madrid en las que se conspiraba abiertamente contra la situación: la del geiferal i) José de la Concha, á la que asistían su hermano el mai; qués del Duero, Serrano, Dulce, Eos de Olano y otros importantes príncipes de la milicia; la del duque de Eivas, frecuentada por la aristocracia, y la de Collado, padre del actual marqués de la Laguna, donde se reunía la plana mayor del progresismo gubernamental. Hacía frente á estas tertulias de oposición la del Presidente del Consejo de Ministros, en la que hacía, como era natural, un gran papel su esposa, la dama que acaba de exhalar el último suspiro. Era una andaluza hermosísima, viuda del general Alvarez cuando se casó con San Luis, y se hallaba en la época de sus segundas nupcias en todo el apogeo de la belleza, que la había hecho célebre en los salones y aun en las calles cuando salía á pie en los días solemnes como el de Jueves Santo con su amiga de la juventud la condesa de Teba, luciendo las dos la nacional mantilla y el traje eminentemente clásico adornado con madroños. La condesa de San Luis hacía con gran distinción los honores de los salones de su esposo el Presidente del Consejo, al que gustaba vivir con fausto y esplendor, y brillaba en los bailes que se, daban en aquel tiempo con frecuencia en el Palacio Eeal y en el que la reina madre Dofia María Cristina ocupaba en la calle de las Rejas. Sabido es cómo terminó aquella situación presidida por el conde de San Luis y cuál fué la suerte de los salones en que residió la condesa y en que vivió la reina madre. Derrotado el Ministerio en las Cortes y coaligados los moderados y los progresistas, se preparó la revolución, que llegó atener aiacteres antidinástibos, como se demostró con motivo del alumbramiento de Su Majestad la reipa Doña ípabel II el día 5 de Enero de 1864. Dio entonces á lu? la reina un vastago que nació muerto, y en la prensa, á pesar de estar amordazada por la previa censura, se hicieron algunas demostraciones contra el trono que eran bien acogidas en las tertulias de oposición. En un baile celebrado aquel invierno en casa del conde de San Luis se recibió ia noticia de la sublevación áe Zaragoza, á cuyo frente se había puesto el general Hore, -Está visto que no quieren dejarnos divertir en paz, dijo ei Presidente del Consejo á sus amigos. Y al día siguiente adoptó lak disposiciones desterrando á los generales, disposiciones de que se libró O Donell, el más peligroso dé tocios ellos, escondiéndose en una casa de la plaza de Bifbao ¿riinero, en la del marqués, de Ja Vega de Arrtfijip despíiés, y por último en ía dé un maestro hojalatero de la calle de la Ballesta, llamado José María Albear. En este refugio sufrió una grave enfermedad el que después fué duque de Tetuán, siendo asistido éh secreto por el doctor D. Mateo S oane.