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m i m WK m I ABE el lector lo que es una chapuza? 3l Seguramente lo sabe; trataríase de una palabra castiza, elegante y genuinamente española, y acaso la degconociéramos y despreeiáramop, aunque tuviera en su favor todo el Diccionario de autoridadea pero estos neologismos del hampa niadrilefia no sólo forman parte del léxico corriente y moliente, sino que traen á la memoria los más celebrados triunfos de nuestra lírica al uso, de nuestro teatro por lloras y de nuestros organillos callejeros. Llaman chapuza los peones de albañil á la obra ligera y de poco momento, al remien- do de poca duración, al trabajo mandado hacer por compromiso y concluido en cuatro paletadas para salir del paso. Echémonos á la calle y veremos que el Madrid urbano es una inmensa é insoportable chapuza. Sea por los tranvías, sea por el gas, sea por la luz eléctrica, sea por el alcantarillado, el caso es que el suelo de Madrid está siempre lleno de agujeros, obstáculos y malos oloíes; y que no la importancia de las obras, sino por el contrario, lo deleznable y para poco de cuanto ahora se hace, debe de influir en estas empalmadas chapuzas, toda vez que el acueducto de Segovia no ha necesitado, que yo sepa, de andañiios ni de remiendos, y que las vías militares romanas tampoco han exigido catas ni farolitos, y eso que cruzan la Península desde tiempos de César. Lo que hay es que la chapuza es una institución, y que el estado de nuestras calles no es más que un reflejo del estado político y social de Espafla. La guerra echó abajo las altas vallas que ocultaban tanta miseria, y al caer las vallas se han visto las pilas de adoquines, los montones de tarugos, las carretadas de tierra podrida por escapes de gas, filtraciones del alcantarillado, ú otros escapes y filtraciones más graves. Se gastó dinero, pero todo en chapuzas. Chapuzas en Marina, chapuzas en Guerra, chapuzas en Fomento, chapuzas en Ultramar, chapuzas en todo. Que así como, gracias á las chapuzas municipales, sostiene el Ayuntamiento toda una brigada de obreros, gracias á las chapuzas del Estado sostienen los gobiernos muchas brigadas y muchas cuadrillas de burócratas, oficinistas y sanguijuelas de todos los órdenes. Añádase á esto el poco fuste de nuestros hombres de Estado, no faltos acaso de buena intención, pero sí dfe agallas y de empuje. Ninguno se atrevió á practicar en grande el arte de la construcción, contentándose con chapuzas pasajeras. Dieron una de cal y otra de arena donde hacían falta quintales de hormigón; taparon con pegotes de yeso agujeros que convenía ver y aun agrandar con la piqueta. Los albafiiles- de mi tierra no llaman chapuzas á esta clase de trabajos. Los designan con una frase mucho más gráfica y expresiva: Tente mientras cobro. Acaso estas palabras expliquen la conducta política y aun el medro personal de esos alarifes y maestros de obras, cuya única habilidad ha sido y sigue siendo la de saber sostenerse en el anda. mio. LUIS ROYO VILLANOVA. m m 7 íiva