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A Caldas de Zavaleta llega un extraño bañista que al entrar da esta tarjeta: BLAS PÜCHBEÍN, PBEIODISTA. Huele todo el personal reunido en el balneario que Blas es corresponsal de yo no sé qué diario; da en halagarle al momento cada cual para su fin, y en el establecimiento no hay más Dios que Pucherln. Él se come la partida, y echándose el alma atrás, para pasar bien la vida no necesita ya más, pues gratis puede comer y triunfar entre las faldas tan sólo con prometer decir lindezas de Caldas. Cuando lo juzga oportuno le dice Blas al fondista: Hoy no me gusta ninguno de los platos de la lista. Que me sirvan un faisán con bizcochos, á las tres; 1 es un capricho I y el flan que me lo hagan en inglés; y cuando me dé la gana, sin escuchar un reproche, cenaré por la mañana y almorzaré por la noche. Así en la prensa diré que este sitio es delicioso; mas no sé si sabe usté que yo soy muy caprichoso, y á luz no saldrán mis notas, que son cosa superior, si no me limpia las botas la suegra del director. Y en todo se le complace, ¡pues no faltaría másl ¡Ya sabe lo que se hace quien tiene contento á Blas 1 pues piensa bien el que piensa que Blas no es Blas propiamente, sino un chico de la prensa y un reclamo permanente. Eso sí; para lograr verse en las publicaciones, no le dejan respirar á fuerza de peticiones. Le dice la de Muriel: Hágame usted el favor de poner en el papel que de aquéllo estoy mejor. Y le pide la de Cruz que diga por caridad que sus niñas Paz y Luz son una preciosidad. Y le ruega el director, á cambio de mil favores, que diga que es el mejor de todos los directores. Y hasta el fondista Reinaldos le da un beso en las espaldas para que escriba: No hay caldos como los que hacen en Caldas. Y Blas, como no es arisco, no sólo obtiene atenciones, sino que deja hechos cisco más de cuatro corazones, pues con tal de que la alabe, más de una joven resuelta le da su amor, aunque él sabe que es un amor de ida y vuelta. Un mes está Pucherin gozando á todo gozar; pero llega un día al fin en que tiene que marchar, y ante la amargura inmensa de encontrarse chasqueados porque no ven en la prensa los elogios esperados, las jóvenes que deliran y el fondista y los demás, de los cabellos se tiran y se dan á Satanás, y más cuando los entero de que escribe el muy guasón en La Voz del Cacharrero, semanario de Alcorcón. Lector; no te digo más. ¿Alusión en esto ves? Yo no sé si la verás; lo cierto es que hay más de tres que se parecen á Blas. JUAN P É E E Z ZÚSIGA