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V, -í A MI DIEKCTOB T AMIGO D O N TOEOUATO LUCA DB TBÍÍA El verano abrasador no hay quien en Madrid soporte. 5i e dan lástima y dolor los que se asan en la corté, mi querido Director! Entre la verde espesura y respirando sulfuro, disfruto aquí una frescura ue envidiarán, de seguro, los políticos de altura. En el estío abrasado, ningún país me convence como el país vascongado. Basta el oir el vascuence para quedarse uno helado! No es posible una cuestión, porque esta gente sensata nos da en todo la razón. I Ellas son chicas de horchata, j ellos chicos de limón t Carácter angelical afieles concedió el Eterno. Es un país ideal. Aquí ninguno habla mal, I ni siquiera d l Gobierno! El marido y la mujer, cada cual eni su labor, trabajan para comer. No hay gandules, ¡qué ha de haberl Si gandulas, no seáorl La esposa del zapatero vende verdura en la puerta, y la mujer del obrero siega el maíz en la huerta como cualquier caballero. Las cojjZas que usted espera hoy le envío desde el Norte. Yo trabajo desde fuera lo mismo que si estuviera en el casco de la Corte. No olvido mi cualidad de coplero, que es muy noble, y por si hay necesidad, me traigo la lira en doblé pequeña velocidad. Así tiene que venir, nó por lo mucho que pesa, sino por no discutir si me la debe admitir como equipaje la empresa. Yo sietnpre cantando estoy, y descanso no lé doy ái esa lira que bendigo; es decir, que á donde voy va el escándalo conmigo. A veties me suele dar gran resultado el traer esa lira que pulsar. Hoy no hice más (fae templar, y ya ha empezado á llover. Bendicen el chaparrón los labriegos con asombro, y quieren, en procesión, pasearme lira al hombro desde Morrio é, Mondragón. La lluvia que reina aquí con mi canto dio principio, y la explicación me di: No. cabe duda. Es el ripio el que atrae el agua asíl Esclavas de sus deberes, cuando dejan sus quehaceres, con la azada á reventarse. ¡Así, puede uno casarse con tres ó cuatro mujeres! Lo ganan con su sudor, y ho se chupan la breva. ¡Oh país encantador! Esta es una Jauja nueva, mi querido Director, Nuestro temor al carlismo es un falso pesimismo. No hay carlista tan tenáí que no bendiga la paz siquiera por egolsipo. No tienen más ambiciones que destripar sus terrones, tranquilos y Sosegados. ¡Están muy escarmentados de guerras y de traiciones! Bien claro me lo decía un motíllá el otro día: ¡Aunque me llamará, jiwes, mi padre, no íe saWna con arma al campo, ío gwe es I Si pelear llega caso como militares, ganga buscar y no haser el paso. ¡Salir con estrellas manga, no Bálir soldado raso! Como colaborador envío á rtii Director estas notas de verano, y le beso á usted la mano corao atento servidor. JOSÉ J A C K S O N VEYIN Y