Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
J uÁN diferente la crónica de viajes de este año á la de anteriores veraneos! Volvían disgustados y mohínos á sus hogares los que burlaron al calor en las plajas y en los picos; al regresar á Madrid cruzábanse los correos y los expresos de marcha rápida con los alegres trenes- botijo, que parecen andar como loé burros, sólo á fuerza de gritos y taconazos. Hogaño es otro el cruce. Ha decaído el botijismo y no ha comenzado el regreso de los veraneantes, porque ya recordarán ustedes que el veraneo se retrasó, no por culpa del calor precisamente, sino por culpa de Watson. Posible es que alguno de mis lectores no recuerde ya de este nombre. Así somos. Dentro de un par de meses habrá quien pregunte qué es eso de Cuba y con qué se come, es decir, con qué se comió. Mas volvamos á Septiembre, que, á pesar del fenómeno arriba apuntado, sigue siendo el mes del movimiento y de los viajes. No se cruzarán los sudexpresos con los trenes- botijo, ni el baúl de mimbres con la cesta de la merienda, pero se cruzan el tren- hospital y los trenes de diputados; el Ay, rhadre mía! del pobre soldado agonizante y, el ¡Ah, señores I del padre de la patria que interpela, para ensayarse, á la redecilla del vagón. Van los soldados con ansia de paz y de descanso, soñando con el beso de su madre, un beso tan ruidoso que apaga el resonar de las descargas de Cuba, cuyo eco terrible enloquece el excitado cerebro del febricitante. Van los diputados con gana de barullo y de pelea, estirándose los puños de la camisa y afirmando que en uno de ellos han de meter al Gobierno y á todos sus parciales. Algún entusiasta del régimen parlamentario podría exclamar señalando á los diputados que en tan solemne ocasión vuelan hacia las Cortes: Esos son los que van á salvar á la patria! Pero otras muchas voces le contestarían aludiendo á los trenes de repatriados: -Esos son los pobreticos que fueron á salvarla y no pudieron. Píudente y silencioso, niégase el repatriado á satisfacer la curiosidad reporteril y anhela hablar de todo menos de eso; locuaz y verboso, habla por los codos el diputado de guerras, capitulaciones y otra porción de arquitrabes. Sucede aquí lo de siempre: el sabio calla el ignorante se desgañita. ¿Por qué el pueblo no sale á las estaciones á saludar á sus diputados? ¿no han de ser éstos quienes funden la base de nuestra regeneración? Eso parece; mas la fe del pueblo no llega hasta ese punto. ¿Por qué en cambio se recibe á los soldados, que ya nada pueden hacer por la patria? Porque, á falta de fe, le sobra al pueblo caridad para eso y para mucho más. Nada hay que esperar del Parlamento ni de sus hombres. Y, sin embargo, bien fácil era lograr la luz que se busca. Bastaba con hacer lo contrario de lo que se ha hecho en este país de los viceversas. Que loa diputados se fueran á sus casas. Y los soldados vinieran á hablar en el Congreso. LUIS ROYO VI LLANO VA é kVi 4 i V: