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iSilenciol (Gritando. jpor aquí! No me responde. f Gritando irías fuerte. I LeandrOjSoy yol (T weno. Mas ¿cómo han de Hemis voces mientras rajan desatados garle los elementos? Y, sin embargo, yo escuché mi íiombre Su voz, allá en el fondo, ¡Hero gritaba, y, débil, sé extinguía en las tinieblas cual un gemido. (Presa, de gran agitación. I Siento terror! Amanece. ¡Cuan lento avanza I Si el perezoso carro. de la aurora el día! tuviese por corceles mis deseos, ya el sol luciera I re) i cioíe oco acloco) Y quizás rae torturo inútilmente; Leandro, sin duda, no salió de Abydos al ver la tempestad que amenazaba; I quiéralo el cielo I Ya la tormenta amansa sus rigores, y las ola rendidas del combate, en su lecho de arena se reclinan lánguidamente. Con el día renace mi esperanza ¡Cuan hermosa es la luz! ¡Creí que las sombras de esta noche fatal eran eternas I I Dulce amor mío, tus ansias é inquietud también comprendo; tú, cual yo, habrás sufrido en la otra orilla ante ese mar que, sordo á nuestros ruegos, cruel nos aparta! Mas yo compensaré tus amarguras cuando permitan hados más propicios que llegues junto á mí, y hasta ese instante piensa en tu Hero. (Oon gran ansiedad é inclinada solre el pretil. I r ¡El, tan joven, tan faerte, tan amante! ¡muerto por mí! ¡qué horror! ¡Y todo en calma! la luz riente la tormenta muda ¡fiero sarcasmo! ¡rugid ahora, furias del Averno! vuestro injusto rigor, ya ¿qué me importa? Leandro, mi bien, mi dicha, mi esperanza, único encanto de mi vida, ¡qré triste fué tu sino! ¡Morir junto á la orilla deseada sin recibir un beso en tu agonía antes de verme! ¿por qué al menos ¡oh paroasl no esperasteis á su regreso para herir entonces? ¡su muerte, al alejarse de mí, fuera menos amarga! ¡Oh mancebos de Abydos! ¡si, piadosos, SI cuerpo recogéis, en esa playa dadle tierra cubierta de laureles, rosas y mirtos; para que el dulce nombre de Leandro, escrito sobre el mármol de su tumba, pase á los siglos y de amor constante símbolo sea! Y vosotras, ¡oh vírgenes de Sestosl que á Hero mirabais con celosa envidia por gozar de su amor, ¡tenedme ahora lástima sólo I ¡lili está! ¡Con los brazos extendidos, cual si por vez postrera desease estrecharme amoroso! ¿Y aún vacilar cuando él te llama? (Con resolución y energía. ¿Qué es aquéllo? ¡Flotando entre las olas hay un cuerpo! ¡le cubren las espumas! ¡no alcanzo á distinguir! ¡ahora se acerca! ¡ya de la orilla (Con gri os desgarradores. Ah, no! Vendré á buscarte viv) ó muerto me dijiste al partir, y lo has cumplido; ¡Hero sabrá ser digna de Leandro! (SuHénd se al parapeto. ¡Es él! ¡Leandro! ¡mi Leandro! ¡muerto! (Pausa. Llorando amargamente. Padres crueles, cuyos pechos, tan blandos para el odio, siempre para el amor fueron de roca, llorad el triste fin á que nos llevan vuestros rencores 1 (Tendiendo los brazos al mar. ¡Ay de mí! ¡ay de mí! Dioses crueles, ¿qué dafio os hice yo para un castigo tan despiadado? ¿Por qué brindarme la dorada copa del amor y romperla cuando apenas los labios acerqué? ¿Por qué mis breves galas nupciales tan pronto habéis trocado por el luto de un eterno dolor? ¿Por qué mis ojos aún abiertos están par: i ¡nc voan cuadro tan tri. rc? ¡Y tú, monstruo infernal de olas y espumas, que has amargado tu iracundo seno á fuerza de beber lágrimas tristes, abre tus fauces! ¡Antro de muerte, piélago profundo, no nos separas, que el amor te vence, y tu abismo será de nuestras bodas tálamo eterno 1 Se arroja. CiNDiDO RUIZ MARTÍNEZ