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HERO Y LEANDRO Azotea de una, torre d orillas del Selesponto, limitada por un pretil. A la derecha del espectador, puerta de acceso y un kermes á Venus, adornado con guirnaldas de flores. Noche tempestuosa. La acción en Sestos (Grecia) Mi teatro quedará á obscuras durante la representación del monólogo. ESCENA ÚNICA H KRO junto al pretil agitando una lámpara encendida, que deja después sobre el parapeto. (Dxndo muestras de gran impaciencia. 1 Silencio todavía! ¡Horrible noche I Relámpago y trueno. El Helesponto las revueltas olas contra las peñas de su dura cárcel bate furioso, y esas sombras, que siempre h e bendecido por prestar su recato á mis amores, en esta noche de inquietud y espanto d á n m e pavura. 1 Llega pronto, mi amor! H e r o te espera; tu Hero infeliz espera con zozobra, y á cada instante que sin verte pasa trémula expira. I Llega, mi bien I Tus ateridos miembros encontrarán aquí dulce reposo, cuando te brinde mi regazo a m a n t e plácido abrigo. Tu cabellera secaré en mi seno, y al oprimir t u frente con mis labios pareceránme las salobres aguas néctar de dioses. Avanza y llega; lucha con las olas pensando en mí para doblar t u estuerzo; acuérdate que el premio de t u audacia son mis caricias. Relámpago y trueno. ¡Calma tus furias, iracundo Eolo! ¡templad su saña, dioses inmortales! ¡oid la plegaria de la triste H e r o! ¡sedme p. ropicios! (Dirigiéndose á la diosa en actitud suplicante. ¡Oh madre V e n u s! ¡afrodita hermosa! Tú, que en cuna de nácares naciste y blandas las espumas t e mecieron, préstale ayuda. A íicl J e lub 1 ilai yb t e ofrecí desde niña mis ofrendas y guirnaldas de flores y de frutos nunca marchitas. Tá, que la llama del amor enciendes en cuantos eeres los espacios pueblan, no puedes ser cruel con el cariño de Hero y Leandro; y si él los riesgos de la mar afronta y sus olas y monstruos desafia, es sólo por rendirte ¡oh diosa Venus I férvido culto. Mira la lámpara, que el aire habrá apagado momentos antes, y corre hacia ella. ¡Mas qué miro! ¡la lámpara no alumbra! El viento la mató. ¡Triste presagio! ¿No bastaban las sombras que m e envuelven, ráfaga impía, y quieres aumentar mi desconsuelo con más luto? ¿Qué haré? So a en la torre el hogar lejos, y mi adusto padre ya receloso Relámpago y trueno. ¡Noche terrible! ¡Si viviera siglos, tu recuerdo, grabado en mi memoria y causándome siempre igual pavura, siglos viviera! ¡Leandro infeliz! ¡Perdido entre las olas, con qué ansiedad por la extensión sombría buscarás ese punto laminoso que era t u faro, y al ver que la que tú siempre llamaste estrella fiel de nuestro amor, ingrata te abandona también y no te ofrece puerto ni rumbo, cuánta será tu angustia si supones que, regalada en el mullido lecho, mientras tú á nado el piélago atraviesas Hero te olvida! ¡Mas basta ya de estériles clamores! E n t a n supremo y arriesgado trance, ¿he de prestar al que por mí sucumbe lágrimas sólo? ¡á h no; n o puede ser; pediré ayuda, arrostraré el rigor de mis tiranos, todo, todo, mi sangre si es preciso antes que m u e r a! (Se dirige resueltamente hacia la puerta, y cerca de ella se detiene, escuchando atenta. ¡Oigo una voz! Brevepausa. ¿Lo finge mi deseo ó fué verdad lo que llegó á mi oíátí? Brevepausa. ¡No es ilusión, es él, él que m e llama I (Oon alegría, yendo hada el parapeto y gritando. ¡Leandro! ¡Leandro! Brevepausa.