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FELIPE II El 13 de Septiembre de 1598 murió en el Escorial el rey Felipe II. Como emprendió grandes cosas, tuvo yerros y aciertos grandes. Los enemigos de España, que eran los suyos, le difamaron, y cuando el pensamiento español degenerado se metió á copista, ayudaron á la difamación muchos escritores españoles animados del furor que toda decadencia siente hacia sus propios autores, verdaderos ó supuestos. Las líneas que siguen son justicia, no panegírico. Oreo que en estos días de angustia, cuando de tumbo en tumbo va rodando nuestra mísera patria una rápida pendiente cuyo probable término espanta, no debe pasar el tercer centenario del rey que hizo la unidad nacional sin algunas líneas que recuerden su paso por el mundo y su obra. Débesele también este homenaje por otra razón de mayor peso. Fué Felipe II de esos hombres en que una sociedad ya madura condensa sus vicios, sus virtudes y sus sentimientos: fué la expresión del alma española en su tiempo; cristalización de Ja España del siglo XVI, como Fernando VII lo es de la menguada y casi disuelta España de la primera mitad del siglo XIX, y podría serlo de la segunda, en todo semejante á la anterior. La Historia sectaria ha pintado á Felipe II feo, encogido, taciturno, antipático. Muy diferente retrato nos han dejado Cabrera de Oórdova y Salazar de Mendoza, que le conocieron. Rechazo estos testigos por sospechosos de lisonjeros, y me atengo al parecer del embajador Miguel Soriano, que es como sigue: Aunque sea de no muy levantada estatura, es, sin embargo, tan bien formado y las partes todas de su cuerpo tan proporcionadas, correspondientes al todo, vistiendo con tanta elegancia y discreción, que no se puede ver ni dar cosa humana más perfecta. Este embajador no era nada amigo del Gobierno de Eppaña. Fueron maestros del rey, D. Juan Martínez Silíceo, arzobispo de Toledo, hombre eminentísimo en el saber, y don Juan de Zúfiiga, comendador mayor de Castilla, gran caballero. Todos los documentos contemporáneos acreditan al discípulo de estudioso é intfiligente; y con documentos, no con pasiones, se compone la Historia. Supónese comunmente que sólo viajó de Madrid al Escorial, del Escorial al Pardo, del Pardo á Aranjuez y de Aranjuez á Madrid. En 1519 pasó á Cataluña y el Eosellón; de allí á Genova, por mar; de Genova, al Norte de Italia, Alemaria y Flandes. Después estuvo en Inglaterra. Tuvo afición á los ejercicios corporales, singularmente á la caza, y no fué extraño á las cosas de la guerra ni le faltó ánimo para ellas, aunque siempre se mostró más político que soldado. A los dieciséis años quedó de regente del reino por ausencia de su padre el emperador Carlos. A pesar de su corta edad y de haber perdido al principal y mis experto de los consejeros que aquél le dejara (Francisco de los Cobos; Mayo de 1547) gobernó con prudencia y acierto. Necesitábalos en alto grado para cumplir con mediana fortuna la ardua tarea que le encomendaba el destino. La revolución mercantil ocasionada por el descubrimiento de América y de la India comenzaba á producir sus efectos, agravados por la mala administración y la guerra incesante que los piratas berberiscos en el Mediterráneo y los protestantes en el Atlántico hacían al comercio español. íbanse despoblando algunos lugares; de las costas de Levante huía la gente al interior para no ser cautiva de moros; en Castilla sentíase escasez de carnes y cereales (Cortes de 1660) desaparecía el numerario y culpábase al lujo (Cortes de 1563) en el presupuesto de 1547 el déficit pasó, únicamente en los gastos ordinarios, de 173.000.000 maravedís. L? mejor política hubiera sido la encaminada á asegurar á España el dominio del Mediterráneo, acabando la con-