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i No tarda mucho en hallar salida la mercancía, porque las cigarreras, provistas de sus pucheruelos y previa la indispensable operación de descalzarse al salir de la fábrica, la esperan impacientes, pues es el almuerzo que con un trozo de pan de centeno han de consumir al siguiente día, mientras no lejos se verifica el desembarco de la guiloca, yerba marina para conservar el pescado que llevan de la costa de Santa Cruz. Merece la pena contemplar el alegre espectáculo que ofrecen á las orillas de LLEGADA DB LA GÜILO CA los numerosos arroyos las garridas mociñas lavanderas á la sombra de añosos y copudos árboles, descalzas, con los justillos mostrando sus desarrolladas formas, y sus caras agraciadas y simpáticas La poesía del paisaje, los encantos naturales del arroyo, del cielo y de la fronda, hacen del lavadero gallego un cuadro campestre de singular encanto, verdadera antítesis del lavadero madrileño, triste exposición de miserias junto á un río también miserable. Los artistas madrileños, que segán parece no han tenido mucha fortuna al acudir al certamen para las nereidas de Neptuno, encontrarían fácilmente hermosas cabezas, escorzos y actitudes que reproducir en estas nereidas del jabón y de la pala. Y los baños al aire libre, donde las rapadlas y otras que no lo son refrescan sus cuerpos entre las rocas de la costa mal envueltas en sus bañadores, oreándose en toscas sábanas que no bastan siempre á velar bellezas. Y es de ver aquella gritería, bullicio y algazara; sobre todo la curiosidad masculina, tomando por punto de mira LAVANDEEAS DE VILABOA de tan singular espectáculo ya las rocas de la abrupta costa, ya lanchas fletadas ad hoc que se acercan como al descuido á la playa de baños, arrostrando un temporal de silbidos y protestas mucho más temible que el que pudieran correr en alta mar. Por fin marché de aquel país de mujeres graciosas, aires puros, frescas aguas, sabroso pescado. Aún desde la ventana del coche en que iba pude contemplar un grupo de mozas y mozos que danzaban al compás de los acordes de la gaita que un viejo tocaba. El silbido de la locomotora ahogó las f -xs dulces y melodiosas notas de la muiñeira, que se perdieron en el espaí cio como desÍ ¿rapareció de mi vista la alegre z i y Galicia, la hermosa región cuBAÑOS AL AIEK LIBEE yas hospitalarias costas reciben ahora con los soldado) repatriados el trágico estertor de un imperio colonial perdido para siempre. A. LÓPEZ DEL ARCO Fotografías del mismo EL GAITERO