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BTIEIBI. E fué el verano. Hoces y guadañas segaron al rape nuestros dominios con tan perversa h- abilidad, que ni dejaron en pie una sola espiga, ni troncharon un solo brote de cizafia; cayeron como plomadas los rayos del sol verticales sobre nuestros cerebros, enloqueciéndonos ó atontándonos y tomando desquite de aquella expresión de nuestra vieja fanfarronería: El sol no se pone en los dominios de España. Ni una lágrima aiTancó á las nubes n u e s t r o infortunio, y la sequía agostó los campos, resquebrajó la tierra y evaporó los ríos, cuyos cauces dejaron ver á nuestros ojos fango y cieno de muchos siglos. E r a voz general, ó por lo menos generalizada, que aquí iba á pasar algo gordo, y nada ha ocuriido por ahora. s decir, como pasar algo gordo sí que h a pasado, porque precisamente acaba de pasar la época de las sandías; ¡y más gordo que eso! Pcio hay que confesar que ahora, como siempre, los doctores de todas las escuelas han errado el diagnóstico con nuestra pobre enferma, desahuciada siempre y siempre viva. E x a m i n á r o n l o s síntomas y dijeron todos: ¡España moribunda! ¡España hredimible! ¡España caducal cuando debieron decir, que era la fija: (España inapetente! Oon esta frase queda explicada la actual indiferencia y aun repugnancia de la nación por cosas que hace unos años cautivaban sus ojos y hacían agua su boca. Nada le gusta, nada le complace; hoy levanta su estómago lo que ayer deleitaba su paladar; mentira parece que hoy no le pase nada más allá de los dientes á quien ayer disfrutó de tan envidiables tragaderas! No hay, pues, Finís Hisjpania, ni Débáclé, ni Lasciate ogni speranza, ni razón para poner á la patria todos esos epitafios en distintos idiomas. Lo que hay es u n a sencilla inapetencia muy fácil de explicar, y todavía más fácil de corregir con el empleo diario y asiduo de las gotas amargas. Y pensar que el remedio estaba tan á m a n o! Porque tiempo hacía que destilaban gotas amargas nuestra hacienda y nuestra agricultura, nuestro pueblo aquí adentro y nuestro crédito allá afuera, sin que nadie tuviera el valor de aproximar sus labios al brevaje. Lo que entonces no se hizo por patriotismo, hágase ahora por medicina. Bien v á l e l a salud una pequeña repugnancia del paladar, y las ganas de comer bien valen una leve mortificación antes de las comidas. -Hay que cerrar á piedra y lodo esas tiendas de golosinas que nos han traído al encanijauíiento presente. Ya supondrá el lector á qué tiendas me refiero: á la Pastelería de nuestra Historia, á la Repostería de nuestro Bomancei- p, á la Confitería de nuestro Cancionero nacional. Si la forma poética está llamiida á desaparecer, al fondo poético le sucede tres cuartos 4 e lo mismo. ¿Á qué pensar ya en las carabelas de Colón? Pendemos en los trasatlánticos que devuelven los soldados de Cuba, y contra los cuales ha tomado tan minuciosas medidas la ridicula higiene oficial. Y es que los soldados nos traen algo más temible que el A omito y la aneraia, que la disentería y la tuberculosis. Nos traen la verdad. LUIS E O Y O VILLANOVA k