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LA INVASIÓN la inundación de: bellezas, modistas ypduquerQS que han arrasado éthigote de la patria á sangre y fuego f i- i r í ¡Dios salve al país! Le acosan partidas de bandoleros con formidables escuadras y poderosos ejércitos que, proclamando la fuerza como fuente del derecho, roban, saquean, reparten, de su grandeza los restos. Y olvidado de su ruda fortaleza de otros tiempos, con pasividad suicida sufre el robo y el desprecio sin un arranque de audacia, sin un desplante soberbio, como si el dolor le hubiera sumido en letargo eterno. La juventud, que se ocupa del afeite y del cosmético más que de buscar al alma viriles esparcimientos, se ha metido á modernista, queriendo decir que sólo es lo afeminado lo mejor de lo moderno. Se empolvan en los estantes los buenos libros, aquéllos que mientras al mundo todo atronaban con su estruendo nuestras armas, con los frutos asombraban del ingenio y de nuestro hermoso idioma imponían el imperio. Y, en cambio, corren y triunfan ñoñeces, atrevimientos, rarezas y extravagancias de los tontos extranjeros. Si en francés piensan, tomando sólo al francés los defectos, y por colosos reputan á los que allí llaman necios, ¿por qué esos decadentistas no se van con viento fresco á esgrimir sus lacias péñolaB allende los Pirineos? Y venga acá el modernismo de Lope, Tirso y Moreto, de Calderón y Cervantes, de Eojas y de Quevedo; que si él vuelve, todavía con un arranque supremo como Lázaro, la patria saldrá del sepulcro; pero ¡á las musas españolas no saben sacar del plectro torios de altivez soberbia, grandes, sublimes, enérgicos... ¡lleguen, lleguen con sus palas mercaderes y tenderos, y echen tierra en nuestras tumbas, porque es que estamos bien muertos I Sis- EPio DELGADO DIBUJO DS BLANCO CORIS