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í. DON PEDRO DE MADRñZO Víctima de una pertinaz y dolorosísima dolencia que hace años venía minando su laboriosa vida, hoy hace ocho días murió en Madrid D. Pedro de Madrazo y Kuntz. Perteneciente á la dilatada familia de artis tas que arranca de tan nobilísimo tronco como el notable pintor D. José y sigue dando retoños de tan alta valía como los hermanos Eaimundo y Eicardo, D. Pedro, aunque dejó á sus hermanos D. Federico y D. Luis la tarea de continuar las glorias pictóricas de su padre, no fueron por ello menos útiles para el arte español su poderoso talento y su vastísima y sólida ilustración. Por más que él estudio de la Jurisprudencia, á que con gran aprovechamiento se dedicó desde su más tierna juventud, parecía alejarle de las esferas artísticas, una que pudiéramos llamar predestinación de raza le arrastró fatalmente á ellas, y, ya que no pintor ilustre como todos los de su estirpe, llegó á ser valiosísimo literato y crítico eminente. Autor de diversas obras, apreciadas tanto en el extranjero como en España, una sola de ellas, el Catálogo deacriptivo del Museo del Prado de Madrid, publicado por cuenta del Estado en 1874, bastaría para hacer imperecedera la memoria del ilustre literato y severo criticó de artes. A ésta, sin embargo, ceden muy poco en valor las iiixí sLá 9 a El Museo de Madrid y a. i Joyas de la Pintura en España, el Yiaje artístico de tres siglos por las colecciones de cuadros de los reyes de España, y otras que sería prolijo enumerar. Lo último que escribió D. Pedro de Madrazo fué un Bosquejo histórico de la Pintura Moderna, curioso trabajo que sirve de prólogo al Catálogo biográfico, histórico y descriptivo del Museo de Arte Moderno, próximo á publicarse, y debido á la pluma de D. José de Madrazo, sobrino del insigne literato. D. Pedro de Madrazo llevaba ya algunos años casi por entero alejado de los trabajos á que con tanto amor consagró su larga y laboriosa vida. Un cáncer en el estómago le hacía vivir mártir, y sin embargo, los ratos en que parecían apaciguarse sus terribles padecimientos, eran los que consagraba á hablar de arte con las personas que le visitaban, y con las que, por más que no desconocieran su estado, se complacía en formar proyectos de nuevos trabajos para el porvenir. Eí término fatal que ha tenido su dolencia ha producido profunda pena á cuantos apreciaban en el ilustre escritor las altas dotes de su poderoso Jalento y de su caballerosidad jainás desmentida. LA CAPII, I. A AKDIENTE Fotog, Irigoy n