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c a r hasta hoy con la debida justicia. No; no es posible mirar sino con verdadera admiración á los bravos marinos VZn r T S tí g 1 seguridad del desastre; no Z y Z a qué haWa de valor, de heroísmo, de arranques geniales muy frecuentes en las antiguas guerras, mas hoy deUodo inútiles con los Í Í BL PÜESTB Y LOS PALOS MILITASES DEL VIZOAYA me os formidables de destrucción conocidos. Verdadera guerra industrial ha sido ésta, como lo serán las sucesiva. el beligerante que tenga mejores cañones, mejores barcos y mayor número de modernas Táquinas de guerra ven cera fatalmente al otro, aunque su ejército esté compuesto de Gides. Añádase á esta s u p e r i S a T d e medios í a s n i- LOSEBSTOS DEL tOQUENDOi rioridad de población, la riqueza del adversario y su ventajosa posición respecto al campo de la lucha v- e vpr n A en vano intentaremos buscar éste ó el o: ro determinado responsable deí desastre iatal y necesario fué éste; no intentemos: buscar víctimas propiciatorias, y mucho menos elegirlas entre las ríales que por deber honroso aceptaron y sufrieron la parte más cruenta del desastre. elegirlas entre las clases Fotografías del CoUíer s WeeUy