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Tal como eaté! ¡qué horror! exclamó D. Peisedes; y luego con acento contristado añadió: Ea, traedme la ropa; mañana empezaremos la temporada. Al día siguiente la misma operación: ya estaba D. Práxedes en pelota, cuando se oyeron acelerados golpes en la puerta y una voz que con marcado acento de ansiedad decía; Soy yo, Romero 1- -lllEobledoÜ! exclamaron á la vez llenos de espanto el Presidente y sus adláteres. -Iso, Girón, volvió á. gemir la voz angustiada en el pasillo. -Espérese usted veinte minutos, que me voy á bañar, contestó ya más tranquilo el Presidente. No, por Dios! no se bañe usted, que le va á sentar muy mal. ¿Alguna triste noticia? -i Tristísima! -Ea, venga la ropa, y á ver si mañana podemos empezar la temporada Para abreviar: todos los días, en el momento de ir á zambullirse en el agua, ha surgido algdn contratiempo que ha dejado seóo á nuestro Presidente; varió la hora, y también los acontecimientos la variaron; día hubo que lo intentó tres veces, y otras tantas tuvo que desistir. Total, ¡que aún no ha podido tomar el primer baño! ¡Y Pablo Oruz que compró un fuelle para simular el oleaje, y Requejo que se pasó tres noches sin dormir ensayándose en el manejo de la sábana! De modo que D. Práxedes sigue sudando la gota gorda como el día que cerró las Cortes, y únicamente se permite el lujo de pasar las noches en el mirador con sus íntimos oyeodo tocar á una vecina de enfrente la polka de ¡Al agua, patos I y el vals de Las olas. i Quién le había de decir á D. Práxedes que iba á sudar tauto este verano, él que se ha pasado la vida tan fresco viendo sudar á los demás I En fin: ¡si habrá sudado, que tuvo que quitarse el morrión porque le pesaba mucho, y se puso la prensa por montera para estar más fresco, sin saber ¡inocenteI lo que le iba á ocurrir: que á los dos minutos estaba sudando tinta! XL SASTRE DEL CAMPILLO DiEU os DE XAÜDAEO LOS QUE NO H A N SALIDO, POK CILLA Por mi parte, no puedo hacer novillos ¡ay! ni deshacerlos tampoco. A mí no me ha sido posible, porque soy el ojito casi derecho del duque de Almodóvar. Yo, mientras no se arregle lo de Cuba, en Madrid quieto... ¡hasta cierto punto!