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esF e poH rm ve Cuando D. Práxedes cerró las Cortes con sn célebre frase de Estoy sudando como un pollo, la opinión pública se quedó un instante perpleja por lo de oWo, pero inmediatamente exclamó: ¡Hombre al agua! Y, con efecto; aquella misma tarde llamó el Presidente á Pablo Cruz y le expuso su decidido propósito de bañarse. Indtil fué que el subsecretario le recordara el popular aforismo De cuarenta para arriba no te mojes la barriga; el Presidente insistió, y á poco hace del baño cuestión de Gabinete, aunque no es ese su lugar, ni mucho menos. ¿Y á qué costa vamos? preguntó resignado D. Pablo. -Hombre, de ir á alguna iremos á costa del país. -Entonces no va usted á tener más remedio que bañarse en casa, porque el país no está para costas, ni de Levante. -Bueno, pues nada; encarga un baño y tráete todos esos ingredientes que hacen falta para imitar el mar. ¿Y cuáles son? -Yo qué sé, hombre; pregúntaselo al ministro de Marina, que por lo menos habrá visto el mar imitado. AhI oye: al paso me compras una caja de discos para los callos, que con este calor se recalientan mucho, y un cepillo de dientes- ¿De dientes? ¿Para qué? -Para limpiar con polvos los botones de la casaca. Ahí y le dices á Eequejo que desde mañana venga por las tardes, á eso de las cuatro, para echarme la sábana. -T Pablo cumplió todos los encargos al pie de la letra, menos el de los discos, porque se le olvidó lá palabra; y COÍQO conoce los callos, pero los discos no, empezó á decir zascos, nescos, póseos, todo menos discos, y el boticario se quedó sin saber lo que deseaba. VI día siguiente ya tenía D. Práxedes preparado su bafiito con sales, algas, conchas, y hasta unos barcos y unos pececitos de) metal, para que la ilusión fuese más completa. Sólo faltó que el ministro de Marina asistiese á j pruebas y oyera una misa. A 1 agua, D. Práxedes 1 gritó Requejo, dando unos golpecitos con los nudillos en el despacho presidencial. Un ruido extraño contestó al llamamiento. A los dos minutos se presentaba D. Práxedes con cara de regocijo, y en otros dos, Requejo y Pablo Cruz le despojaron de las ropas, dejándole en cueros como á un contribuyente. Pero en aquel instante sonó el teléfono oficial, y á D. Práxedes se le puso la carne de gallina. -S e ñ o r Presidente, dijo un criado al otro lado de la puerta; de parte del señor duque de Medina Sidonia, que vaya vuecencia inmediatamente á Palacio tal como esté, porque es urgentísimo. ¡t tAstMéS!